En la Argentina se destaca el regadío tradicional de la Quebrada de Humahuaca, un valle árido que se encuentra en la porción central de la provincia de Jujuy (extremo noroeste de la Argentina). Es una región conformada por un conjunto de quebradas subsidiarias del río Grande, su colector principal, y su poblamiento ronda los 11.000 años de antigüedad, que fue declarada en el año 2003 por la UNESCO como “Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad” (Bergesio y Montial, 2010). La región se caracteriza por la escasez de precipitación pluvial y grandes pérdidas por evapotranspiración proporcional a la temperatura. Se trata de un clima de desiertos tropicales, con pocas lluvias (menores a 180 mm anuales) concentradas en verano, temperaturas medias anuales inferiores a 18 °C, de inviernos muy fríos (Buitrago, 2002). Esta cuenca tiene un marcado carácter torrencial y un desarrollo altitudinal muy importante, que varía entre los 5.856 m.s.n.m. en las nacientes de uno de sus tributarios, el río Grande, a cerca de 1.622 m.s.n.m. en su punto de cierre, sobre la localidad de León. Se estima que en la Quebrada se destinan 2.000 ha a la producción intensiva con riego, en especial de hortalizas (Ministerio de Producción de Jujuy, 2011). De acuerdo con la Dirección Provincial de Recursos Hídricos (DPRH, 2007), en la Quebrada existen cerca de 165 km de canales, prácticamente sin revestir en su totalidad.
La infraestructura de riego de la región se caracteriza por su carácter precario: canales sin revestir, afectados por procesos de colmatación o erosión, con déficit de dispositivos de regulación y control. A esto hay que sumarle el carácter torrencial del río Grande, que constituye la principal fuente de abastecimiento de agua de los sistemas de riego, pero en época de crecidas representa una amenaza para las parcelas productivas ubicadas en sus márgenes (Zamora Gómez, et al., 2016). Los actuales sistemas de SyCA vinculados a sistemas de regadíos ancestrales, que fueron relevados por Zamora Gómez y Cianfagna (2022), se encuentran en la cuenca del río Huasamayo, asociados a un complejo agrícola ancestral de época prehispánica de cerca de 1200 ha de superficie, según las estimaciones de Madrazo (1969), citado en Tarragó (2005). Los primeros estudios del sistema de los sistemas de irrigación presentes en la zona fueron realizados por Debenedetti (1918). En campañas arqueológicas de mediados del siglo XX, fueron relevadas estructuras hidráulicas tales como represas, canalizaciones y acequias (Lafón, 1957; citado en González, 2011), y hacia fines de ese mismo siglo fueron relevados los sistemas de irrigación por el equipo de Albeck, de acuerdo con González (op. cit.), quien realizó una caracterización de las estructuras de riego y cultivos de la región. A su vez, el complejo de la Cuenca del Huasamayo compone un conjunto más amplio de grandes áreas agrícolas prehispánicas de la Quebrada de Humahuaca, entre los que se destacan los complejos de Rodero y Coctata, ubicados en el sector septentrional de esta región (Albeck, 2016).
El sostenimiento de los paisajes bioculturales de la Quebrada de Humahuaca se basa en gran medida en la gestión y mantenimiento de las acequias históricas y ancestrales de la región, que responde a un complejo sistema organizacional manejado por consorcios y grupos de regantes. Esto habla de la necesidad de fortalecer dichas organizaciones, tanto a nivel técnico y operativo, como financiero (Zamora y Cianfagna, 2022).