El territorio del Perú se divide tradicionalmente en tres regiones naturales diferenciadas por su clima, vegetación y fisiografía. De oeste a este, partiendo desde el océano Pacífico, encontramos las regiones de la Costa, la Sierra y la Selva (Wikipedia, 2024). Estas regiones también condicionan la aparición de juntas y comunidades de regantes, como menciona Pomareda Benel (2023). En el Perú se tiene 1.51 millones de hectáreas con infraestructura de riego (incluyendo canales de distribución e infraestructura parcelaria). El número de Juntas de Usuarios, a nivel nacional, es 123: de ellas, 74 en la Costa, 34 en la Sierra y 15 en la Selva. Las Juntas de Usuarios de la Costa están constituidas por 87 Comisiones de Usuarios; en la Sierra, 712 (debido a la elevada fragmentación de la propiedad y extensa red de distribución comunitaria); y en la Selva, 128. El peso relativo del regadío de la Sierra también se manifiesta en la Encuesta Nacional Agropecuaria del Perú (INEI-MIDAGRO, 2024), que indica que la agricultura familiar de subsistencia en el Perú representa el 81.7% de las Unidades Agropecuarias. En las regiones naturales, esta categoría es mayor en la Sierra (92.5%), seguido de la Selva (61.4%); y finalmente, la Costa (45.7%). En el caso de La Sierra, un elevado porcentaje de las unidades agropecuarias implementan tecnologías de riego y gestión del agua ancestrales, como la construcción de diques y el uso de waru waru.
Para construir los Waru Waru, los campesinos abren surcos en las zonas inundables hasta formar una plataforma rectangular, donde se realiza la siembra. De esta manera, el agua alrededor crea un microclima que mitiga el efecto desfavorable de las heladas, permitiendo el desarrollo de los cultivos (Swissinfo, 2024). Por ejemplo, se han implementado waru waru en las pampas inundables de Acora, localidad vecina al lago Titicaca, situada a 3.812 m s. n. m.
Ortloff (2009) reporta desarrollos tecnológicos ancestrales durante la etapa precolombina en Perú, Bolivia y Mesoamérica. Menciona el caso de las tecnologías desarrolladas por el Imperio Chimú, que ocupó la costa norte de Perú, entre los valles de Chillón y Lambeyeque, entre los años 8000 a 1450 antes de nuestra era. Más concretamente, examina la ingeniería hidráulica y los desarrollos de gestión del agua que fueron desarrollados en la cuenca del río Moche. Algunas de las estructuras que destaca son el canal Intervalles, de 74 km de recorrido, que fue diseñado para conducir agua desde el sector sur del río Chicama hacia un punto de intersección con el canal Vichansao, que se abastecía del río Moche. Otros desarrollos incluían canales en curva de nivel con el doble propósito de conducir el agua a zonas más bajas y resguardar otros sectores del efecto destructivo de las inundaciones ocasionadas por el Fenómeno de Niño. Este autor también hace referencia a sistemas de terrazas de ladera en el valle del río Moquegua, que fueron desarrollados y usados por las sociedades Wari, Tiwanaku e Inca.
Particularmente, las terrazas desarrolladas entre los 2000 y 3500 msnm requerían de canales de notable longitud y baja pendiente, con un recorrido serpenteante que conectaba las zonas elevadas de deshielo y captación de lluvia con laderas y áreas de pendiente apta para la agricultura. De hecho, Moquegua es el único valle en los Andes en que colonias de ambas sociedades, Wari y Tinkunaku, co-habitaron en la misma unidad hidrológica a lo largo de más de 400 años (Williams, 2001).