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2.3 Chile

Las migraciones de habitantes altiplánicos alcanzaron todo el norte del país, gran parte de Perú y Bolivia, y por el sur hasta el centro de Chile, conformando lo que más tarde sería la cultura atacameña. La agricultura de regadío en Chile se extiende hasta la época precolonial, bajo la influencia de los primeros habitantes de origen altiplánico, que implementaron la construcción de terrazas escalonadas denominadas “eras”, las que se regaban a través de pequeños canales que tomaban agua de vertientes y esteros. Estas prácticas aún se utilizan en algunos valles del norte de Chile, como Calama, Quillagua, San Pedro de Atacama y otros (Sandoval Jería, 2003).

En la Pampa del Tamarugal es frecuente observar los restos de canchones o antiguas parcelas agrícolas trabajadas por inundación, que finalmente se enriquecían tanto en sales que terminaban por esterilizarse (Diaz Vial, 1960). 

Sandoval Jería señala que, con el advenimiento de nuevas culturas como la Diaguita, se intensifica la práctica de la agricultura bajo riego y se construyen numerosos canales, algunos aprovechados y ensanchados en el tiempo de la dominación Inca y en servicio hasta el día de hoy. Tal es el caso, dentro del Valle del Elqui, de los canales del Tambo, Quilacán, Culcatán, Cutún, entre otros. 

Se debe destacar el alto grado de capacidad de autogestión en Chile, con sistemas de riego de 50.000 ha (Laja) y 30.000 ha (Maipo), de acuerdo con Palerm (2010). La misma autora señala que el caso de la Sociedad de Riego de Maipo tuvo fuerte influencia en el desarrollo de la legislación chilena de agua, hacia comienzos de la década de 1830. De esta manera, la resolución de conflictos se limitaba estrictamente al ámbito de la sociedad de riego. 

Peña (2003), citado en Melo Jara y Vial Recabarren (2005), distingue cuatro etapas en la historia del desarrollo institucional del agua en Chile. 

Primera etapa

Una primera etapa, hasta principios del siglo XX, con una presencia estatal más escasa.

Segunda etapa

Una segunda, en la que el Estado asumió un rol más activo a través de la promoción de grandes obras y que culmina con el Código de Aguas del año 1967 y la Ley de Reforma Agraria.

Tercera etapa

En la tercera etapa, correspondiente a los años de vigencia del Código de Aguas de 1967, en la que se asigna al Estado un rol de planificador de la asignación de las Aguas.

Cuarta etapa

Finalmente, a partir del Código de Aguas de 1981, se entrega a los mercados las decisiones de asignación del recurso y se reduce al mínimo la función de planificación que tenía el Estado. 

En Chile, la superficie irrigada corresponde a 1.1 millones de ha. Según la información del Censo Agropecuario y Forestal (2007), la región de Maule es la que presenta la mayor superficie bajo riego del país, con más de 300 mil ha, seguida de las regiones de O’Higgins y Biobío, concentrando entre las tres más del 60% de la superficie regada (Martínez Olivares, 2022). Se destaca el notable incremento de la superficie bajo riego tecnificado, que en la actualidad asciende a 500 mil ha, cerca del 46% de la superficie total (World Bank, 2021). Sin embargo, este organismo también advierte sobre la necesidad de considerar los impactos de una conversión de los sistemas tradicionales al riego tecnificado, puesto que una intervención de este tipo “se acompaña generalmente de una disminución de la cantidad de agua que vuelve al río o al acuífero (caudal de retorno) y sobre la cual pueden depender otros usuarios, incluyendo los ecosistemas. 

Diversos trabajos mencionan que el uso de canales tradicionales de riego constituye una buena alternativa para recargar acuíferos en Chile. Tal es el caso de las regiones de O’Higgins y Biobío, donde hay más de 18.000 km de canales, la mayor parte de tierra. Para la misma zona, dichos canales tienen la capacidad de conducir en el orden de 3.000 millones de m³ por mes. Considerando que el 20% del agua se puede infiltrar durante 4 meses del invierno, se tienen 2.400 millones de m³ de infiltración anual, lo que equivale al 45% de la demanda del riego de dicho territorio (Uribe Cifuentes, 2020).  

Los bofedales de los Andes son zonas de descarga difusa de agua subterránea que presentan una vegetación hidrófita particular. Muchos bofedales son beneficiados por la acción del ser humano, a través del desvío de agua de manantiales y acequias, amunas o camellones para irrigar estos pastos y aumentar su superficie (Martos Rosillo et al., 2020). En el norte de Chile, la red SyCA-CYTED relevó los bofedales de Parinacota, Caquena, Guallatire y Sosasorani como sitios de interés donde se realizan prácticas de Siembra y Cosecha de Agua. En la figura 10 podemos observar canales de riego (camellones) del bofedal de Caquena (Iquique, Norte de Chile) con los que se aumenta la superficie de esta zona húmeda con el objetivo de incrementar la zona de pasto para la cría de camélidos. 

Figura 10: Trabajo colaborativo (Ayni) de la Comuna de Colchane, en Turuna (Región de Tarapacá, Chile). Fuente: Diego Aranibar Esteban, en Castro Lucic (2022). 
Imagen 2
Figura 11: Canales de riego (camellones) del bofedal de Caquena (Iquique, Norte de Chile). Fuente: Luciano Mateos, citado en Martos Rosillo et al., (2020).

Castro Lucic (2022) se refiere a que la superficie de los bofedales, considerados como humedales altoandinos, es obra, en gran parte, del sistema de riego basado en el conocimiento ancestral de las técnicas de Siembra y Cosecha del Agua (SyCA), y describe el trabajo colaborativo de las comunidades para aplicar este conocimiento ancestral en diferentes sitios del norte de Chile: comuna de Colchane, en Turuna (Región de Tarapacá); trabajos en el bofedal de Parinacota. Esta autora también remarca la importancia de abordar las ceremonias propiciatorias que, como parte de la cosmovisión andina, invocan a las montañas como depositarias del agua y responsables del caudal de ríos y manantiales. El manejo del agua en los bofedales que hacen los pastores incluye la conducción por acequias y canales surcados en la misma vegetación, y el almacenamiento e inundación y ampliación de la superficie con pequeñas presas. 

En el mismo libro de Siembra y Cosecha del Agua en Iberoamérica se incluye también una experiencia de manejo participativo de bofedales en el Parque Nacional Volcán Isluga, en el extremo norte de Chile, en la región de Tarapacá. En esta sección (García Bernier y Piñones Valenzuela, 2022), describen el trabajo de las comunidades de la zona en la limpieza, rectificación y creación de canales que permiten el riego y el mantenimiento de los bofedales

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