En esta Unidad hemos expuesto algunas claves metodológicas para llevar a cabo una investigación sobre los sistemas de gobernanza y gestión comunitaria del agua desde la perspectiva diacrónica, como el abordaje interdisciplinar que ofrece el estudio de la documentación histórica y de archivo y el estudio etnográfico de las prácticas, usos y gestión de comunidades organizadas. El soporte entre ambos es inmediato porque, en el meticuloso trabajo de contextualización histórica, política, económica, paisajística, ambiental y social de las manifestaciones culturales, los planteamientos de partida pueden ir siendo revisados y redefinidos a la luz de nuevas aportaciones documentales y etnográficas e ir afinando en el estudio microsocial que pretendemos.
Los recursos y técnicas presentadas son esencialmente útiles si se realizan de manera sistemática, ya que, en la tarea de recopilar datos, categorizarlos, interpretarlos y analizarlos, permitirán triangular y cotejar las fuentes primarias y secundarias que dispongamos en cada caso (documentos, textos, fuentes orales, audiovisuales…). Sin embargo, se enriquece la investigación cualitativa si se incorporan también estudios cartográficos y sistemas de información geográfica que nos aporten información sobre las características topográficas de los sistemas irrigados y la configuración espacial de sus infraestructuras; pudiendo conocer las pervivencias, cambios y desapariciones de los bienes materiales y sus implicaciones inmateriales más prácticas.
En la actualidad, el desarrollo de tecnología de información y comunicación puede estimularnos a desarrollar de manera creativa otras técnicas basadas en la acción-participación. Es el caso de recursos como los mapeos colaborativos, por ejemplo, del Mapa colaborativo de regadíos históricos de Granada y Almería, iniciativa surgida a raíz del proyecto europeo FP7 MEMOLA y la Asociación de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de Andalucía, gracias a la financiación de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) dentro del programa de ciencia participativa; involucra a los propios regantes en la identificación y registro de los sistemas de riego, incluyendo acequias, espacios de regadío y otros elementos importantes, visibilizando así tanto sus espacios productivos como las comunidades locales que los gestionan.
No debemos perder de vista que este tipo de investigaciones centran sus intereses en el análisis de las relaciones de mujeres y hombres entre sí y con el medio que les rodea. Considerados por la UNESCO como “Tesoros Humanos Vivos”, son depositarios de una tradición oral que pone en funcionamiento sistemas de riego basados en la gestión y negociación consensuada de normas. Pero queremos concluir con una última consideración al respecto, y es que, como ya se comentó, la gestión del agua históricamente ha sido objeto de tensiones e intereses, y se han plasmado en documentos históricos que vimos. De hecho, el conflicto ha sido el fundamento primero para la constitución de las comunidades de regantes en sí mismas, organizaciones comunitarias capaces de establecer racionalmente mecanismos internos para regular, resolver discrepancias, sancionar, negociar y tomar decisiones a largo plazo en favor de la preservación de estos socioecosistemas de gran valor. Es por ello que, desde el punto de vista antropológico, hemos de concebir este no solo como inherente a los grupos sociales en general, sino como algo más: la base para la preservación, modificación y adaptación de saberes y prácticas que dan continuidad a dichos sistemas históricos de regadío y su patrimonio cultural. Ignorarlo nos apartará de un estudio en profundidad sobre el aprovechamiento que las comunidades hacen del recurso del agua, sin duda.