Los fondos registrales y los documentos que atesoran información sobre propiedades son, tal vez, uno de los elementos en los que la información sobre los sistemas históricos de regadío puede manifestarse de forma más sencilla. Esta clase de documentos van más allá de contratos entre partes o de conteo de propiedades individuales; se trata de elementos que en ocasiones involucran a comunidades enteras en procesos históricos complejos y extensos. Por ejemplo, el proceso de conquista del sur de la Península Ibérica por parte del Reino de Castilla dio lugar a un complejo elenco de documentos registrales sobre las propiedades arrebatadas a los conquistados: los Libros de Apeo y Repartimiento. Estos documentos combinaban información registral sobre las parcelas existentes, los usos y los derechos que existían entre la población, y la jurisdicción y entidad de la misma. Dentro de esta información se incluye no solo el funcionamiento de los sistemas históricos de regadío, explicitando cuestiones tales como el movimiento del flujo del agua y su reparto entre vecinos, o el reparto en función de las cabidas de cada terreno. El interés de los Libros de Apeo y Repartimiento radica también en su capacidad para reconocer derechos adquiridos sobre bienes intercomunitarios: la jurisdicción de cada término, los derechos sobre los recursos (bosques, dehesas, pastos, canteras, minas, recursos forestales) y el uso que cada comunidad puede hacer de ellos queda a menudo registrado (Guzmán, 2015).
Un ejemplo de ello puede verse en el Libro de Apeo de Mecina Bombarón (Padilla, 2013), fechado en 1572, donde se explicita el reparto de las aguas de Sierra Nevada entre los vecinos de varias localidades:
/52r/ del río de Berchul la dicha Mezina y los vezinos de Narila y los moriscos vezinos de Verchul, todos tres pueblos juntauan /52v/ vastimento y se conformauan de alzar una azequia principal de quanta agua podían meter a ella a la mano yzquierda de la corriente del río. La qual azequia se repartía por sus días señalados a cada pueblo de Mezina, Verchul y Narila […]”
En este párrafo se explicita la práctica de las acequias de careo que comparten varias localidades, que aprovechan las aguas de deshielo para su transporte, reparto e infiltración entre las tierras de varias comunidades.
Además de las acequias de careo, son mucho más comunes las referencias al funcionamiento de cada acequia y su correspondiente sistema de regadío (Martín et al., 2023). En el mismo documento se puede inferir el funcionamiento, hace 500 años, de las dos acequias de la localidad, hoy en día aún utilizadas:
Esta azequia venía por la cavezada de las arvoledas de todo el pueblo, la qual azequia se dividía en quatro sangraderas y de cada sangradera de estas se dividía por sus ramales y regavan toda la tierra por sus oras y más abajo en el propio río obra de seis o siete tiros de arcabuz la dicha Mezina alzava otra azequia de toda el agua que podía meter del dicho río, la qual regaua todo lo que se podía regar debajo de ella hasta dar a lo de Golco se regavan las posesiones”.
Gracias a ello, es posible inferir la concepción del funcionamiento del sistema de regadío a través del reparto de agua en distintos pagos, en los cuales el agua era repartida dentro de franjas horarias concretas. Una buena parte de la comunidad dependía de este reparto, lo que queda manifiesto en la documentación registral del siglo XVI. A su vez, los Libros de Apeo y Repartimiento también actúan como libros de amojonamiento, por lo que recogen información sobre la jurisdicción de cada término y reflejan datos sobre qué elementos se encontraban dentro y fuera del término, y sobre a cuáles de ellos tenía acceso o no la población de una determinada localidad.