Una marcita se distingue de un prado de regadío por la presencia de una estructura hidráulica activa, capaz de garantizar la inmersión invernal con una capa de agua constante y uniforme. Se caracteriza por elementos materiales (canales, pendientes, cubierta vegetal) y por un componente de gestión, confiado al camparo, figura experta en la regulación de las aguas, sobre todo en invierno.
En los últimos diez años, varios proyectos experimentales (Life «Ticino Biosource», Paesaggi di Marcita - Región de Lombardía, La Grangia di San Gregorio - Fundación Cariplo, Echoes-marcita lab - Politécnico de Milán) han puesto en marcha intervenciones de recuperación morfológica y funcional de marcitas abandonadas. Se han recuperado unas 60 hectáreas para su uso invernal, con el objetivo común de restablecer la circulación uniforme del agua y favorecer el desarrollo del raigrás italiano (Lolium multiflorum var. italicum), forraje típico de las marcitas.
Sobre la base de estas experiencias, se han definido dos tipos de recuperación, en función del estado de conservación de la marcita:
Tipo 1: Marcita con gestión estival
Es el caso más sencillo. La marcita presenta una buena estructura y gestión agronómica estival, aunque carece de inundación invernal. Los canales son visibles, las estructuras funcionan y las pendientes son, en general, correctas.
La recuperación prevé:
- reanudación de la inundación invernal;
- pequeñas intervenciones localizadas para corregir desniveles u obstáculos;
- trabajos manuales y mantenimiento estacional.
Tipo 2: Marcita sin gestión estival
Es el caso más complejo: la estructura hidráulica está comprometida, los canales están obstruidos, la vegetación espontánea es abundante, las construcciones están degradadas y las pendientes son irregulares.
La recuperación sigue dos enfoques distintos:
- Recuperación respetuosa con los materiales permanentes: Limpieza y remodelación de los canales existentes; consolidación de las estructuras; trabajos mecánicos ligeros (fresado, rastrillado) para restablecer las pendientes internas y resiembra con raigrás italiano 97,5 % y trébol ladino 2,5 %.
Se trata de una restauración conservadora que valoriza los vestigios históricos de la marcita y requiere también mano de obra manual. Es el método más recomendable, eficaz y duradero.
- Eliminación de los restos permanentes y reconstrucción completa: arado de toda la parcela; nivelación y reconstrucción de la red de riego y de las estructuras; remodelación de las pendientes y siembra final.
Este método, aunque parece más sencillo, no es recomendable: las huellas antiguas del suelo (pendientes, zanjas, sedimentos) resurgen con el tiempo, lo que dificulta la inundación invernal y compromete la eficacia de la intervención.
En resumen, la recuperación sostenible y funcional de los campos de regadío depende del respeto de las estructuras existentes y de una intervención calibrada, capaz de restablecer el antiguo equilibrio hidráulico y cultural. El método de recuperación respetuosa 2.1 resulta ser el más adecuado en casos de degradación avanzada.