La Política Agrícola Común (PAC) y el Plan de Desarrollo Rural (PDR) establecen objetivos compartidos en materia de recursos hídricos y cambio climático: «garantizar la gestión sostenible de los recursos naturales» (Reglamento UE 1305/2013, art. 4, b) y «hacer más eficiente el uso del agua en la agricultura» (área de interés 5a). Sin embargo, es esencial que estas medidas sean coherentes con las características agroambientales específicas de los territorios, como la llanura del Po.
Reducir el uso del riego en la llanura del Po puede provocar escasez de agua en los cultivos y comprometer el funcionamiento de los agroecosistemas, causando la pérdida de biodiversidad y la propagación de especies invasoras. El riego por escorrentía, tradicional en estas zonas, produce externalidades positivas, es decir, beneficios ambientales indirectos, como el mantenimiento de la biodiversidad y la recarga de los acuíferos.
En este contexto, «usar el agua para ahorrarla» se convierte en un principio rector: es a través de la circulación controlada del agua en los campos, especialmente en períodos estacionales que hoy en día se descuidan, como se garantiza la sostenibilidad del sistema de riego y la resiliencia del ecosistema agrícola. Este principio se aplica sobre todo en zonas con abundancia de agua superficial y escaso uso de extracciones de acuíferos.
La adopción de sistemas de bajo consumo, como el microriego, eficaz en otros contextos, resultaría perjudicial en este caso: provocaría un descenso del nivel freático y una degradación de los agroecosistemas, además de no ser adecuado para cultivos como el arroz, el maíz y los forrajes. Por ello, el Parque del Ticino y Est Sesia proponen cinco acciones coherentes con los objetivos de la UE, adaptadas al contexto local:
Recuperación de la circulación hídrica invernal
Reintroducir el riego estacional mediante prados inundados, marismas y arrozales invernales favorece la humedad del suelo en primavera y mejora el equilibrio entre las aguas superficiales y subterráneas.
Cultivos menos exigentes en cuanto al consumo de agua
Reducir la superficie dedicada al maíz en favor de cultivos forrajeros como la alfalfa o los pastos, más sostenibles en verano, contribuye a una mayor cobertura vegetal y retención de agua, al tiempo que reduce la dependencia de los piensos importados (Bove et al., 2017).
Aumento de la materia orgánica en los suelos
Prácticas como el laboreo mínimo, la fertilización orgánica, el abono verde y los cultivos de cobertura mejoran la estructura del suelo y su capacidad de retención de agua, con efectos beneficiosos tanto agronómicos como medioambientales.
Valorización del paisaje rural y de la red hidráulica
Protección de los elementos paisajísticos (setos, hileras, franjas de protección, humedales) con incentivos específicos, para reforzar la biodiversidad y la sostenibilidad ecológica del territorio agrícola.
Restablecimiento del arrozal tradicional
Abandonar la siembra «en seco» en favor de la inundación continua permite una mejor recarga de los acuíferos en primavera, reduciendo las necesidades de riego del arroz en verano y liberando recursos hídricos para otros cultivos.
Estas medidas tienen como objetivo reforzar la resiliencia hídrica y ecológica de la llanura lombardo-piamontesa, demostrando que un uso consciente del agua, incluso en los meses de invierno, no supone un desperdicio, sino una inversión estratégica para la conservación del suelo, la productividad agrícola y la biodiversidad.