La pradera inundada proporciona un forraje siempre verde y rico, capaz de mejorar sensiblemente las cualidades de la leche y sus derivados, como ya observó Carlo Cattaneo (1837). La hierba fresca de la pradera anegada enriquece el perfil nutricional, tecnológico y sensorial de la leche, haciéndola más adecuada para la nutrición humana y mejorando el sabor, la textura y el color de los productos lácteos (Borreani et al., 2013; Coppa et al., 2015).
La leche obtenida de vacas alimentadas con forraje de pradera inundada presenta una composición lipídica más saludable: una reducción del 3% de las grasas saturadas y un aumento de hasta 4 veces de los ácidos grasos Ω-3, con una relación Ω-3/Ω-6 más equilibrada (1:3 con pacas, <1:2 con hierba fresca), cercana al valor recomendado de 1:1. Esto mejora el valor nutricional de la leche y sus derivados.
Según Cattaneo A. (1839), la leche de los prados humedecidos se distingue por su dulzura, densidad y riqueza en nata y mantequilla. La hierba de los prados inundados, gracias a su alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados, también mejora las cualidades sensoriales de la mantequilla y los quesos, haciéndolos más suaves y untables, con aromas más intensos y sabrosos (Giaccone et al., 2016). Además, los carotenoides presentes confieren a la leche un color amarillo natural, indicativo de autenticidad, y valioso para la salud humana por su función antioxidante.
La alimentación de las vacas lecheras, que necesitan fibra, encuentra en la pradera inundada un forraje ideal. La introducción masiva del maíz ha reducido este componente, contribuyendo a la aparición de problemas metabólicos y a una menor longevidad de los animales. La pradera inundada, por el contrario, favorece el bienestar y la salud del ganado, como se puede ver en el vídeo Marcita landscapes: From the ground to milk.
Por último, el funcionamiento del prado de pasto requiere una gestión hidráulica cuidadosa: ni demasiado llano ni demasiado inclinado, debe garantizar un riego uniforme y constante (Berra, 1822). Con el tiempo, los agricultores y agrónomos han desarrollado sistemas de gestión de los niveles del terreno (cuadros), aún visibles en las praderas inundadas del Parque del Ticino, para optimizar el riego con aguas de acequias y manantiales.