La marcita produce abundante forraje de alta calidad tanto en verano como en invierno, lo que proporciona un alimento equilibrado y energético para la ganadería bovina. Ya en los siglos XVIII y XIX, los estudiosos europeos alababan sus cualidades.
Burger (1843) señalaba cómo los lombardos obtenían forraje invernal con facilidad, mientras que Carlo Cattaneo (1837) destacaba el crecimiento continuo de la hierba incluso con temperaturas bajo cero.
Esta técnica forrajera, que en su día fue fundamental en la agricultura lombarda, ha vuelto a ser estratégica hoy en día para los sistemas de producción que se preocupan por la sostenibilidad medioambiental y la tipicidad de los productos. En los años 50, la marcita era uno de los pilares de la alimentación de las vacas lecheras, pero fue sustituida gradualmente por sistemas intensivos basados en el maíz en monocultivo, que resultaron ser menos sostenibles con el tiempo.
En los prados de regadío se alternan, a lo largo del año, especies forrajeras de gran valor: en invierno y primavera predomina el raigrás italiano (Lolium multiflorum Lam.), en verano los tréboles (Trifolium pratense L. y T. repens L.). Estas especies garantizan una producción elevada, de hasta 150 q/ha de materia seca, lo que hace que los prados inundados sean competitivos con el maíz (sobre todo en las llanuras), pero con un perfil cualitativo superior.
Ya en el siglo XIX se destacaba la superioridad de los prados anegados: Regazzoni (1844) elogiaba su productividad tanto en verano como en invierno, mientras que Domenico Berra (1822), citado por Burger, describía el efecto inmediato del forraje de los prados anegados en el aumento de la producción de leche de las vacas, a pesar de su elevada humedad.
Hoy en día, además del consumo directo, es fundamental la conservación del forraje. De hecho, la pradera inundada produce cortes tempranos y frecuentes, difíciles de secar sin riesgo de deterioro, como ya señaló Giuseppe Soresi (1914). En estos casos, el ensilado representa una solución ideal. Practicado desde hace siglos, sobre todo en los silos de torre Samarani, hoy en día se complementa con técnicas modernas como las pacas enrolladas, que mantienen la calidad nutricional del forraje y se han convertido en una presencia habitual en el paisaje agrícola lombardo.