La marcita es parte integrante de un complejo sistema de paisaje agrario, constituido por elementos materiales —como edificios rurales, canales, caminos, setos, cultivos— y por relaciones entre prácticas agrícolas, asentamientos y vida social. Las actividades en los campos influyen directamente en las estructuras edificadas, en un proceso continuo de adaptación y transformación (Scazzosi y Branduini, 2010, 2014). Por ejemplo, la expansión de las marcite ha supuesto históricamente un aumento del forraje, del ganado y del tamaño de los establos. El paisaje evoluciona, pero la continuidad entre el uso agrícola y la estructura de los edificios permite comprender este sistema.
Hoy en día, la marcita conserva un doble valor: material, en sus construcciones e infraestructuras de riego; e inmaterial, en los conocimientos transmitidos sobre la gestión del agua y el mantenimiento del sistema hidráulico. La conservación en funcionamiento es fundamental para garantizar su transmisión a las generaciones futuras y mantener su legibilidad como bien cultural.
Las marcitas que aún se conservan deben su existencia principalmente al reconocimiento normativo y a la protección paisajística. Se consideran bienes culturales en virtud del artículo 142 del Código de Bienes Culturales y Paisajísticos (MIC, 2004), ya que se encuentran dentro de los perímetros protegidos de los parques regionales del Ticino, del Adda y del sur de Milán. Estas entidades han desempeñado un papel crucial, pasando de la protección pasiva a la conservación activa, incentivando también la recuperación y la experimentación mediante la participación de los agricultores (Branduini, 2023).
A nivel nacional, el paisaje de las marcite ha sido incluido en el Catálogo Nacional de Paisajes Rurales Históricos, promovido por el MIPAAF en 2010, instrumento preparatorio para la creación del Registro de paisajes tradicionales de interés histórico, en el seno del Observatorio Nacional del Paisaje Rural. El paisaje de los prados iemali (invernales) es actualmente candidato a este reconocimiento.
A nivel internacional, el compromiso del Parque del Ticino con la protección y la valorización del paisaje de las marcite obtuvo una mención especial en 2019 en el marco del Premio del Paisaje del Consejo de Europa, promovido en Italia por el Ministerio de Cultura (MIC).