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3.1. Valor histórico

Como señala José María Martín Civantos, los sistemas de riego tienen una gran capacidad “para expresar la forma, mecanismos y principios que tienen una determinada cultura para aprovechar y explotar los recursos naturales e integrarse en el medio, tal y como sucede, por ejemplo, con la cultura de al-Andalus” (Martín Civantos, 2009:12).

Efectivamente, esta es la clave del valor histórico de un sistema de riego, su capacidad para representar una determinada cultura y con ello todo lo que eso implica: organización social y política, conocimiento del medio, capacidad tecnológica, distribución del trabajo, propiedad de la tierra, papel de las mujeres, gastronomía, arquitectura y un largo etcétera. De ahí que los sistemas históricos de riego, al igual que sucede con otros tipos de bienes o creaciones humanas como la construcción de templos o murallas, se suelen identificar en función de la cultura, país o comunidad que los generó y con el periodo histórico al que corresponden. Es por ello que hacemos referencia a sistemas hidráulicos romanos, andalusíes, persas, otomanos, incas, renacentistas, medievales, etc.

Lo singular, y excepcional, de los sistemas históricos de riego es que, aunque tienen un origen determinado vinculado a una cultura y a un periodo histórico determinado, han mantenido una continuidad histórica a lo largo del tiempo que ha permitido que hayan sido utilizados (y lo sigan haciendo en la actualidad) por otras culturas y pueblos que se han ido sucediendo históricamente en ese territorio. Esta continuidad (que es la razón por la que, como luego veremos, a estos sistemas se les denomina tradicionales) manifiesta no solo la validez funcional y productiva del sistema creado, es decir, su valor tecnológico, sino también un respeto y asimilación de los conocimientos y saberes de una cultura por las civilizaciones o poblaciones posteriores. Desde luego, estamos ante un hecho cultural excepcional.

Uno de los ejemplos más significativos de esta continuidad histórica es el de los sistemas hidráulicos de origen medieval andalusí de la Península Ibérica, especialmente en el Sur y el Levante mediterráneos (Huerta de Valencia, Huerta de Murcia, Huerta de Orihuela, Vega de Antequera, Vega de Salobreña, etc.), donde la superposición cultural que supuso la conquista de estos territorios por los cristianos a partir del siglo XIII y, desde entonces, la continua sucesión de modelos y formas de gobierno, apenas supusieron cambios significativos en los mismos más allá de la creación de nuevos espacios de riego o la extensión de los ya existentes.

Figura 11: Huerta del Bajo Segura (Alicante). Fuente: Creación propia (CC BY-NC-ND)

Pero no solo los sistemas históricos de riego tienen un gran valor como representación o manifestación de una cultura, sino que tienen en sí un valor histórico concreto relacionado con las circunstancias históricas (políticas, sociales, climáticas, económicas, etc.) que propiciaron su construcción. Un valor histórico de gran relevancia, si tenemos en cuenta que la construcción de un sistema de riego, tiene que ver con la explotación agraria de un determinado territorio y, con ello, el asentamiento de una determinada población en él y el desarrollo de una sociedad, dada la base agraria de todas las culturas hasta el inicio de la revolución industrial.

Cada uno de los sistemas históricos de riego existentes en el mundo responde a unas circunstancias históricas determinadas, es decir, tiene un valor histórico que será más o menos relevante en función de su extensión, complejidad o importancia económica o social. A modo de ejemplo, y referido a España, podemos encontrar un gran valor histórico en sistemas tan diferentes como el complejo sistema hidráulico de la Vega de Granada (originado tras la conquista islámica, como resultado de las estrategias productivas campesinas de las poblaciones venidas principalmente del Oriente mediterráneo), la construcción del Canal Imperial de Aragón (planteado ya por Carlos V pero realizado a finales del siglo XVIII, en la época de Carlos III, por Ramón Pigantelli, dentro de la política ilustrada de impulso de la economía a través de estas grandes obras hidráulicas, en este caso con la pretensión de poner en riego un amplio territorio y conseguir el sueño, no logrado, de comunicar el Mediterráneo con el Mar Cantábrico) o la creación de los pueblos de colonización durante la dictadura franquista (que respondían al plan del régimen de Franco de aumentar la producción agraria en la época de la Autarquía, convirtiendo en regables tierras de secano mediante la construcción de pantanos, canales y acequias, así como de las poblaciones de nueva construcción para alojar a los colonos). 

Figura 12: Canal de riego en las zonas irrigadas por el Plan Badajoz puesto en marcha a partir de los años 50 del siglo XX bajo el régimen dictatorial de Franco (Badajoz). Fuente: Creación propia (CC BY-NC-ND)
Imagen 2
Figura 13: Yelbes, pueblo de colonización, pedanía del municipio de Medellín, proyectado en 1963 en el marco del Plan Badajoz (Badajoz). Fuente: Creación propia (CC BY-NC-ND)

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