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1. Introducción

José Castillo Ruiz. Universidad de Granada. (CC BY-NC-ND)

Cuando hablamos de valores culturales referidos a un determinado elemento de carácter patrimonial como son los sistemas históricos de riego, debemos hacerlo, al igual que sucede con otros bienes como los castillos, los palacios o los yacimientos arqueológicos, desde la perspectiva que el patrimonio cultural entiende a la cultura.

Y lo hace de varias formas: La primera, como un valor general y aglutinador del conjunto de valores específicos que pueden ser considerados como patrimonio cultural, como, entre muchos otros, los valores artístico, paleontológico, científico, etnológico, industrial, etc. Para ello, la cultura se entiende en un sentido muy amplio, como sinónimo de civilización, y acoge cualquier tipo de manifestación humana, material o inmaterial, en la línea de lo definido, por ejemplo, por la Real Academia de la Lengua en España: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”.

Partiendo de la premisa de que los sistemas históricos de riego disponen de un genérico valor cultural, lo que vamos a hacer en esta unidad temática es ir desgranando qué valores concretos o específicos tienen dichos sistemas hidráulicos, es decir, qué elementos del sistema tienen, por ejemplo, valor artístico, arqueológico o etnológico. En algunos casos, los sistemas solo tendrán uno o dos de esos valores, aunque en otros casos es posible que concurran una gran cantidad de ellos. Esta identificación de los valores culturales específicos, aunque pueda resultar una cuestión técnica poco relevante, en absoluto lo es, ya que es el procedimiento para poder determinar una adecuada y precisa protección de estos sistemas de riego, que es lo que se persigue cuando se reconoce un determinado bien como patrimonio cultural.

Valores culturales que, en el caso de los sistemas históricos de riego, presentan una importante singularidad, ya que no los podemos desvincular de otros valores de carácter natural o ambiental implicados en el sistema como, por ejemplo, los recursos hídricos utilizados, la riqueza de los suelos regados o la biodiversidad cultivada. Lo cual nos lleva a entender estos sistemas no solo como construcciones hidráulicas, sino como una estructura, una tecnología, creada para el cumplimiento de una función determinada, especialmente, para la generación de alimentos a través de la irrigación de un determinado territorio. Es decir, los sistemas históricos de riego son, en la mayoría de los casos, parte del patrimonio agrario, un patrimonio que, como ya veremos, hace referencia a todos los bienes naturales o culturales, materiales o inmateriales generados por la actividad agraria a lo largo de la historia.

La segunda clave a la hora de considerar la cultura desde la perspectiva del patrimonio cultural es su dimensión histórica, de ahí que se defina el patrimonio cultural como el conjunto de manifestaciones materiales o inmateriales creadas o generadas por el ser humano a lo largo de la historia. Esto nos plantea la cuestión nada baladí de diferenciar, en el caso que nos ocupa, a los sistemas de riego que son históricos y de los que no lo son. Para ello es necesario establecer un criterio, por ejemplo, una determinada antigüedad. Los diferenciamos entonces porque son los históricos y no los contemporáneos (que obviamente pueden tener otro tipo de valores, incluidos los medioambientales o sociales) los que disponen de relevantes valores culturales que exigen su protección.

Tomando como punto de partida estas dos claves, vamos a analizar cuáles son los diferentes valores culturales que tienen los sistemas históricos de riego, aunque siempre teniendo en cuenta que todos estos valores deben observarse de forma global e interrelacionada (todos forman parte del valor cultural) y considerándolos desde una perspectiva integral y unitaria, tanto desde el punto de vista constructivo como funcional.

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