Según la tradición, quizás, más antigua, Teseo era hijo de Egeo, rey de Atenas y descendiente de Erictonio, el autóctono nacido del semen de Hefesto (Unidad 2.2); las fuentes concuerdan en el nombre de su madre, Etra, hija de Piteo, rey de Trecén, en el Peloponeso, y nieta de Pélope. Según esto, pues, por parte de ambos progenitores descendía de Zeus (cuadros genealógicos 8 y 9).
Egeo no había tenido hijos con ninguna de sus esposas y para averiguar la causa, decidió ir a Delfos y consultar a Apolo. La Pitia le prohibió “desatar el cuello del odre de vino antes de llegar a Atenas” (fig. 46). Egeo no era capaz de interpretar este enigma, así que, al pasar por Trecén, se lo comentó a Piteo, quien, entendiendo el significado, embriagó al huésped y lo acostó con su hija. Al día siguiente, antes de partir, Egeo encargó a Etra que, si quedaba embarazada y nacía un varón, no revelase a nadie quién era el padre, hasta que el niño fuese capaz de levantar por sí mismo una roca, debajo de la cual Egeo escondió su espada y sus sandalias; y que solo entonces lo enviase a Atenas para que él lo reconociera. Según otras versiones, esa misma noche Poseidón visitó a Etra, de manera que el dios y no el rey ateniense sería el verdadero padre de Teseo.
El héroe creció en Trecén sin conocer la identidad de su progenitor, hasta que, a los dieciséis años, encontró los objetos y Etra le reveló a quién pertenecían (fig. 47). Así pues, para ser reconocido como hijo y heredero, Teseo emprendió el viaje hacia Atenas por tierra, pese a las súplicas de su madre y abuelo, para que lo hiciera por mar, protegido por Poseidón (fig. 48): había sabido que Heracles estaba fuera, sirviendo a Ónfale, y que los caminos del Peloponeso se habían llenado de monstruos y bandidos; deseaba, pues, demostrar su valor, eliminando a cuantos le salieran al paso.
En primer lugar, cerca de Epidauro, mató al bandido Perifetes, que asaltaba a los viajeros con una maza de bronce; más adelante, en el camino a Corinto acabó con Sinis, que descuartizaba a sus víctimas utilizando un pino como catapulta, y más adelante, en Cronión, a una enorme hembra de jabalí, nacida de Tifón y Equidna, que pertenecía a una vieja ladrona llamada Fea y había matado a muchos hombres (fig. 49). En Mégara se encontró con un hijo de Poseidón, Escirón, que arrojaba a los viandantes a un barranco donde una tortuga devoraba sus cadáveres; en Eleusis, venció a Cerción que había dado muerte a todos sus anteriores oponentes. Y, finalmente, en las cercanías de Atenas eliminó a Damastes o Procustes, que acostumbraba a torturar a sus víctimas acostándolas en lechos más pequeños o más grandes que su talla: a los bajos, les estiraba los miembros y a los altos, les cortaba los pies (fig. 50).
Una vez despejadas y seguras las comunicaciones terrestres entre el Peloponeso y el territorio del Ática, Teseo se presentó ante Egeo, a quien Medea, tras escapar de Corinto, había curado de su esterilidad (Unidad 5.1). La hechicera previno al rey contra el extranjero y lo convenció para que le ofreciera una copa de vino envenenado con uno de sus brebajes; pero el héroe sospechó y sacó la espada de Egeo, quien, al verla, supo que era su hijo y apartó la copa de sus labios (fig. 51). Según otras versiones, antes del banquete, Medea ya había intentado acabar con Teseo enviándolo a capturar al toro de Creta que se le había escapado a Euristeo y devastaba la llanura de Maratón (Unidad 5.2.1); pero el héroe logró atraparlo, lo condujo hasta el palacio y, luego, lo consagró a Apolo délfico (fig. 52). Así pues, Egeo nombró a Teseo su heredero, provocando la revuelta de los cincuenta hijos de su hermano Palante, que aspiraban a sucederle: Teseo les tendió una emboscada y acabó con todos ellos.