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1. Heracles

 

Heracles, el Hércules de la tradición romana, fue el héroe por antonomasia, no solo de todos los griegos, sin distinción de clase, etnia y patria, sino también de los demás pueblos del Mediterráneo antiguo. Era considerado un dios y como tal recibía un culto, que, a lo largo de los siglos, absorbió al de dioses y héroes de otras civilizaciones, como fue el caso del Melkart fenicio.

Además, su popularidad ha traspasado los límites del espacio y del tiempo, hasta el punto de convertirse en una figura omnipresente en el imaginario de la Cultura Occidental: en la poesía, la narrativa, erudita o de ficción, y la literatura infantil, en el teatro, la ópera y el cine, en los cómics y videojuegos, en la pintura, la escultura, las artes decorativas y en los anuncios publicitarios. Así pues, dar cuenta de su vida y hazañas, con sus múltiples variantes, y de las diversas interpretaciones de su figura, o intentar ofrecer un repertorio de las plasmaciones literarias y artísticas de sus Trabajos, se antojan misiones imposibles, porque, como comenta N. Loraux (1996: 403), “su ‘vida’ no se explica a menos que se dedique a ello toda una vida”. Así pues, toca conformarse con una narración sintética de los principales episodios, tomando como hilo conductor las dos versiones antiguas más autorizadas: Diodoro de Sicilia (Biblioteca histórica, 4.9-58) y Apolodoro (Biblioteca, 2.4-8).

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