El riego de superficie, o riego por inundación, supone utilizar directamente las aguas sobre la tierra, que pueden ser almacenadas o llegar directamente hasta la parcela a través de una acequia conducida desde otra fuente de agua. Su aplicación sobre la parcela exige que esta se encuentre correctamente nivelada, de forma que el agua pueda penetrar de forma pausada en todo el terreno. Normalmente, es de obligado cumplimiento que el agua cale en el terreno, es decir, que el regadío sea lento y pausado, sin que el agua corra, para que pueda profundizar (figura 10).
Los parámetros de velocidad y tiempo son fundamentales en el regadío tradicional. Se considera que un riego mal administrado es aquel en el que el agua ha circulado durante poco tiempo y de forma rápida. Además, cada “regador” debe conocer exactamente qué clase de suelo es el que debe regar y cómo este va cambiando a lo largo del terreno, lo que permitirá corregir determinadas características en la aplicación de velocidad y tiempo, ya que los parámetros de infiltración del agua cambian en función del tamaño de las partículas que componen cada segmento de tierra.