El suelo, como eje vertebrador de la gran mayoría de procesos que se dan en los paisajes culturales, es uno de los elementos más importantes de los mismos. En él se dan las relaciones entre el ser humano y su entorno natural. De esta manera, los suelos juegan un papel de especial importancia en las comunidades humanas, en su poblamiento y en la gestión de actividades productivas asociadas a los mismos (agricultura o ganadería).
El suelo es una capa fina y fértil que recubre la superficie de la tierra. Bajo esta, se encuentra la capa o nivel geológico. En su parte superior, se encuentra la capa o el nivel de vegetación. Esta posición y las características de la roca hacen que los suelos sean un componente esencial para el medio ambiente. Es en el suelo donde se desarrolla la vida, siendo lugar de hábitat de numerosos organismos. Por ello, un suelo sano condiciona la naturaleza y variedad del ecosistema.
La importancia de la protección y conservación de los suelos ha sido una preocupación para numerosos organismos internacionales. La FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations) en la carta mundial de suelos del año 1982, afirma que.
No basta con decir que los suelos son la mayor fuente de riqueza de un país. Son mucho más que eso: son la vida misma del país."
Los suelos, de la misma manera que el ecosistema que generan, son elementos frágiles que viven en un constante equilibrio. Su extensión es limitada y, dada su naturaleza, son recuperables solamente a muy largo tiempo. El desarrollo de prácticas inadecuadas del suelo, o la explotación intensiva de los mismos, puede llevar a su irremediable pérdida. Actualmente, de 5 a 7 millones de hectáreas de tierras cultivadas (0,3 a 0,5 por ciento del total) se pierden cada año por degradación de los suelos (aproximadamente la extensión de Austria). Cada vez los suelos producen menos, aunque cada vez haya más población que alimentar.
Entre las principales funciones de los suelos se encuentran la de producir alimentos, fibras y biomasa. En ellos se desarrolla la agricultura, la ganadería o la gestión de pastos y montes. Pero también está altamente relacionado con la hidrología y los recursos hídricos. A través del suelo se filtra, descontamina y almacena el agua en los acuíferos. Esta agua es la que abastece a las comunidades y condiciona en buena medida el asentamiento humano.
Es por ello que los estudios de los suelos son una parte fundamental para comprender los paisajes culturales. Conociendo cómo son los suelos, cómo se han formado y de qué manera han ido cambiando, podemos entender mejor los ecosistemas que soportan, así como las actividades y la forma en la que se establece el poblamiento.
La disciplina que estudia los suelos se conoce como Edafología. Esta define el suelo como un...
ente natural organizado e independiente, con unos constituyentes, propiedades y génesis que son el resultado de la actuación de una serie de factores activos (clima, organismos, relieve y tiempo) sobre un material pasivo (la roca madre)".
Esta disciplina ha desarrollado una serie de términos para describir y definir los suelos. Así, los diferentes niveles dentro de los suelos se conocen como horizontes. Cada uno de ellos posee unas características y responde a una génesis concreta. Los horizontes se observan en el campo, en perfiles en el suelo. Normalmente, se establecen tres propiedades para clasificar los horizontes de un suelo: color, textura y estructura. El más mínimo cambio detectado (en una sola o en varias de estas propiedades) es suficiente para diferenciar un nuevo horizonte. Sin embargo, ha de ser en el laboratorio cuando se caracterizan y confirman, gracias a la aplicación de técnicas analíticas.