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5.1. China: arrozales

En China, los sistemas de riego tradicionales se desarrollaron principalmente en torno al valle del río Yangtsé, el río Amarillo y las zonas montañosas del sur, donde las lluvias son estacionales.

Uno de los ejemplos más llamativos de esta tradición son las terrazas de arroz, construidas en laderas pronunciadas donde la agricultura convencional sería imposible. Estas terrazas transforman pendientes escarpadas en escalones cultivables, cada uno diseñado para retener agua mediante pequeños diques y canales que regulan su flujo. El agua, al deslizarse de una terraza a otra, deposita sedimentos ricos en nutrientes, fertilizando naturalmente el suelo y previniendo la erosión. La construcción y el mantenimiento de estas terrazas no son tareas individuales: requieren una organización comunitaria meticulosa. Entre los ejemplos más icónicos se encuentran las terrazas de Longsheng en Guangxi, conocidas como las “Terrazas de los Cien Dragones”, que abarcan más de 20.000 que han sido moldeadas durante más de 650 años. También las terrazas de Yuanyang en Yunnan, reconocidas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, donde los patrones del paisaje reflejan la interacción profunda entre los Hani y su entorno agrícola.

Figura 13:Terrazas de Yuanyang. Fuente: Terrazas de arroz

Complementando a los sistemas de  terrazas, estructuras como los canales y pequeños embalses permiten derivar y almacenar agua de ríos y arroyos mediante redes de distribución con compuertas, reservorios y diques menores que regulan el flujo de agua según la época del año y las necesidades de los cultivos. Estas redes riegan arrozales, huertos y pastizales, y abastecen pequeños estanques para la agricultura, integrando distintas actividades agrícolas en un sistema eficiente y resiliente. La gestión comunitaria asegura la distribución equitativa del agua y el mantenimiento de los canales, garantizando el funcionamiento del sistema incluso en años de sequía.

Podemos destacar el ingenio hidráulico y la integración cultural de la antigua China, el sistema de irrigación de Dujiangyan y el Monte Qingcheng. Construido alrededor del año 256 a.C., Dujiangyan sigue funcionando tras más de 2.250 años, regulando el río Minjiang y abasteciendo más de 668.700 hectáreas de cultivo mediante canales, diques y compuertas sin necesidad de presas. El Monte Qingcheng, cuna del taoísmo, alberga once templos históricos que conservan sus funciones religiosas y arquitectónicas tradicionales desde el siglo II d.C.

Ambos sitios fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2000, reconociendo su valor universal excepcional: Dujiangyan como obra maestra de la ingeniería ecológica antigua y Qingcheng por su relevancia espiritual y cultural. Su integridad y autenticidad se mantienen gracias a normas de protección, restauraciones cuidadosas y gestión rigurosa, demostrando la resiliencia y conservación de un legado vivo que combina tecnología, naturaleza y cultura.