En Sri Lanka, los sistemas de riego tradicionales se basan en complejas redes de embalses y tanques interconectados que captan agua de lluvia y ríos, almacenándola para su uso agrícola. Estos tanques están dispuestos en cascada: el agua fluye de un tanque superior a uno inferior, asegurando un suministro gradual que regula el riego y permite la recarga de acuíferos.
La gestión es comunitaria, con mantenimiento y limpieza periódicos, y con normas locales que determinan cómo se distribuye el agua entre los cultivos. Este sistema, adaptable a las lluvias monzónicas, no solo asegura la sostenibilidad hídrica, sino que también fortalece la cohesión social, al implicar la participación de toda la comunidad en la conservación de los recursos.