Asia Occidental y Oriente Medio son regiones de grandes contrastes: ríos caudalosos como el Tigris y el Éufrates junto a desiertos donde la lluvia es escasa. Aprender a captar y distribuir el agua fue clave para la vida y permitió que surgieran algunas de las primeras civilizaciones.
En Mesopotamia, hace más de seis mil años, las comunidades construyeron canales y diques que llevaban el agua a los campos, posibilitando ciudades tan importantes a nivel histórico como Uruk y Babilonia. Más al este, en la meseta iraní, surgieron los qanats, túneles subterráneos que transportaban agua evitando su evaporación, una técnica que se difundió por toda la región.
En muchos casos, la escasez de agua impulsó la innovación: los sistemas de regadío hicieron posible la agricultura en zonas áridas y dieron forma a sociedades complejas y a paisajes culturales que aún hoy valoramos como patrimonio.