Gestionar el conflicto de forma constructiva
A pesar de todos estos sistemas “preventivos” que intentan garantizar la función social de los recursos naturales gobernados comunalmente, el conflicto sigue dándose habitualmente, por ejemplo, entre miembros de la comunidad, por tener intereses contrapuestos, o a la hora de interpretar una norma. Elinor Östrom, premio Nobel de Economía en 2009, y primera mujer en recibir esta distinción, estudió los rasgos comunes de muchos comunales en todo el mundo (incluyendo, por cierto, sistemas de regadío tradicionales de Murcia y Alicante, en España, y Sri Lanka).
Entre los rasgos comunes de los sistemas comunales de éxito siempre había (entre otras) dos características:
- Sistemas de resolución de conflictos rápidos y económicos: existe un tribunal (por ejemplo, un “Jurado de Aguas” en el caso de algunas comunidades de regantes, o un “Jurado de Hombres Buenos” en el caso de otro tipo de comunales) que media ante los conflictos o incumplimientos. Su veredicto suele ser rápido (en muchas ocasiones se reúne semanalmente) e inapelable.
- Un sistema de sanciones consensuado y proporcionado para aquellos miembros de la comunidad que no respetan las reglas de uso del recurso: todos los comunales que funcionan, incluidas las comunidades de regantes, disponen de un sistema de sanciones proporcionadas (la proporcionalidad es importante para que exista un consenso de justicia) en cuyo diseño y aprobación el sancionado ha tomado parte (o al menos ha tenido la oportunidad de hacerlo).
Es decir, todos los sistemas comunales de gobernanza de recursos naturales que funcionan bien, prevén sanciones para hacer frente a la figura del gorrón (el que se aprovecha de las ventajas inmediatas de incumplir las normas, perjudicando al total de la comunidad). Como queda demostrado en los estudios de campo, todos los miembros de una comunidad que comparten el aprovechamiento de un recurso natural bajo reglas comunes se enfrentan diariamente al mismo dilema (¿cumplirlas o no?), teniendo distintas respuestas según los incentivos que tengan en un momento dado para tomar una u otra decisión (por ejemplo, la probabilidad de ser sancionado o el beneficio potencial de violar las normas). En cualquier caso, hay que tener en cuenta que, a nivel individual (es decir, para el gorrón), el beneficio inmediato de romper las reglas suele ser (a corto plazo) mayor que el de cumplirlas, a menos que exista un sistema robusto para desincentivar estos comportamientos. Dicho de otro modo, se necesita un sistema eficiente de monitoreo y de sanciones (entre muchos otros incentivos para “cumplir” que se pueden poner en marcha) que convierta el incumplimiento en una pérdida individual (p. ej., retirada de licencia, sanción, etc.) para el gorrón, de forma que no le compense. Teniendo todo esto en cuenta, es fácil entender la necesidad y la importancia de la vigilancia (monitoreo), el seguimiento y los sistemas de sanciones.