El ciclo tebano es muy amplio, dado que abarca desde la fundación de Tebas a las hazañas de Hércules (Unidad 5.2) o las guerras posteriores a la muerte de Edipo (cf. infra §3 ). En esta unidad se verán las fases iniciales y los principales mitos.
Cuando Zeus transformado en toro raptó a Europa de las costas de Fenicia (Unidad 3.1), su padre Agenor, rey de Tiro, ordenó a sus hijos varones partir en búsqueda de la desaparecida, advirtiéndoles de que no regresaran sin ella (cuadro genealógico nº 6). Ninguno de ellos dio con el paradero de Europa, de modo que no regresaron a Fenicia, fundando diversas ciudades por el Mediterráneo.
Uno de los hermanos de Europa, Cadmo, acompañado por su madre Telefasa, se dirigió al oráculo de Apolo en Delfos para que el dios le indicara su paradero, pero la Pitia le dijo que se olvidara de Europa y que siguiera su camino; cuando encontrara una vaca con una marca redonda en ambos blancos, la debía seguir y, allí donde se detuviera, sacrificarla y fundar una ciudad. Cadmo abandonó, pues, la búsqueda de su hermana y siguió las indicaciones de Delfos. Encontró a la vaca con el signo lunar, la siguió y, allí donde esta se tumbó, se dispuso a sacrificarla para comenzar con los preparativos de la fundación. Envió, pues, a sus compañeros a buscar agua para hacer las libaciones oportunas antes del sacrificio, pero al ver que se retrasaban, él mismo se encaminó a la fuente: entonces vio cómo sus compañeros eran masacrados por una enorme serpiente (drákon), hija del dios Ares y de una Erinia, que custodiaba la fuente. Cadmo mató al monstruo (motivo con paralelos orientales y folclóricos quizá indoeuropeos) bien a pedradas, bien con la lanza, de donde la expresión “victoria cadmea”, pues venció a la serpiente, pero perdió a sus compañeros (fig. 42). Entonces la diosa Atenea, siempre consejera de los héroes, indicó a Cadmo cómo obtener ayudantes para fundar la ciudad: sembrando los dientes del monstruo, surgiendo, así, la raza de los Espartos (Unidad 2.2).
Una vez purificado Cadmo por los dioses del asesinato del monstruo hijo de Ares, este mismo y Afrodita le concedieron la mano de su hija Harmonía. A las bodas de Cadmo y Harmonía en Tebas acudieron todos los dioses del Olimpo (fig. 43), como luego a la de Tetis y Peleo (Módulo 6), conviviendo momentáneamente con los humanos como en los remotos tiempos de la Edad de Oro (Unidad 2.2). Cada divinidad hizo a la novia un esplendoroso regalo, destacando el maravilloso collar de oro fabricado por Hefesto que tantas calamidades causará a las últimas generaciones de cadmeos (cf. infra §3), pues, por lo general, los regalos de los dioses ocultan algún engañoso mal.
Cadmo y Harmonía tuvieron cuatro hijas (Autónoe, Ino, Ágave y Sémele) y un hijo (Polidoro, cuadro genealógico nº 7), cuyas vidas están marcadas por la tragedia. De hecho, una vez que prácticamente han perecido todos sus hijos, Cadmo y Harmonía se exilian de Tebas y son transformados en serpientes, aunque acaban sus días en la Isla de los Bienaventurados.