En el imaginario griego los monstruos, en su mayoría descendientes de potencias primordiales y caóticas (Unidad 2.1), representan la prueba más común que deben superar los héroes civilizadores de forma individual o colectiva.
El héroe matador de monstruos por excelencia es Heracles (Unidad 5.2), pero ya Perseo, antepasado suyo (cuadro genealógico nº 12), realiza esa gesta en el conjunto de un mito muy cercano a los cuentos populares. Hijo de Zeus y Dánae, fue abandonado por su abuelo Acrisio en un “arcón” (lárnax: a la vez arcón para el ajuar y ataúd, fig. 8-9) por miedo a un oráculo (Unidad 3.1). Madre e hijo arribaron a las costas de Sérifos, donde son rescatados por Dictis, hermano de Polidectes, rey de la isla. Dánae y Perseo viven en la corte de Polidectes, que se había enamorado de Dánae. Para alejar a Perseo, indica que quiere reunir regalos para presentarlos como dote para casarse con Hipodamía, hija de Enómao y Perseo, en un arrebato de fanfarronería, le dice que le buscaría incluso la cabeza de Medusa, la única Gorgona mortal (Unidad 2.1). Polidectes aprovecha la ocasión y lo envía a tan temeraria empresa. El héroe, aconsejado por Hermes y Atenea, se dirige primero a los confines occidentales del mundo, donde habitaban las Grayas: Penfredo, Enío y Dino, las 3 hermanas de las Gorgonas, viejas de nacimiento, que poseían 1 único ojo y 1 único diente para las 3 (Unidad 2.1). Estas conocían el paradero de unas ninfas que custodiaban unos objetos mágicos que necesitaría Perseo: unas sandalias aladas (pédila), un zurrón mágico (kíbisis) y el yelmo de Hades, que hacía invisible a quien se lo pusiera (Unidad 3.1). Perseo roba el diente y el ojo a las Grayas (fig. 10) y estas lo conducen hasta las ninfas, de quienes obtiene los objetos mágicos y, además, Hermes le entrega una hárpe o espada curva y Atenea un espejo. Equipado de esta manera, Perseo llega volando a donde vivían las 3 Gorgonas, Esteno, Euríale y Medusa, y las sorprende dormidas (fig. 11). Entonces, para evitar ser petrificado, se acerca a Medusa y contempla su figura reflejada en el espejo de Atenea y la decapita, escondiendo rápidamente la peligrosa cabeza en el zurrón mágico (fig. 12-13). No obstante, se impone en el arte la representación de Perseo ostentando la cabeza de Medusa (fig. 14-15-16-17). Del cuello cercenado surge Crisaor, el gigante guerrero, y el caballo Pegaso (fig. 18-19), engendrados tiempo ha por Poseidón (Unidad 3.1). Las otras Gorgonas se despiertan y persiguen a Perseo, pero no lo localizan gracias al yelmo de Hades.
Perseo emprende el viaje de vuelta a Sérifos y, según Ovidio (Metamorfosis 4.627-662), pide hospitalidad al titán Atlas, pero este se la deniega y Perseo saca la cabeza de Medusa y lo petrifica en la cordillera africana del mismo nombre (aunque la tradición más extendida presenta a Atlas castigado a soportar la bóveda celeste y participa en el undécimo trabajo de Heracles, vid. Unidad 5.2). Llega después Perseo a las costas de Etiopía, donde se encuentra que Andrómeda, hija de los reyes Cefeo y Casiopea, iba a ser ofrecida en sacrificio a un monstruo marino enviado por Poseidón porque su madre se había vanagloriado de ser más bella que las Nereidas. Las representaciones plásticas, al igual que ocurría con Prometeo (Unidad 2.2), reflejan aquí el suplicio capital del apotympanismós al presentarla atada a uno o dos postes, incluyendo, además, una imagen amazónica de Andrómeda en tanto que etíope, es decir, bárbara (fig. 20-21); sin embargo, en ningún momento aparece representada con rasgos etíopes y se generaliza el encadenamiento a la roca o acantilado, a la par que se la representa primero vestida, luego semidesnuda y se impone la desnudez (fig. 22-23-24-25-26-27-28-29-30-31). Perseo se enamora inmediatamente de la muchacha y pacta con Cefeo su matrimonio si la salva, de modo que, volando con las sandalias aladas o a lomos de Pegaso (fig. 24), se enfrenta con la hárpe al monstruo marino (kêtos en griego, de donde “cetáceo”) y lo vence gracias a la cabeza de la Gorgona, que lo petrifica, solidificando también la sangre de la bestia convertida en coral. Tuvo que existir otra variante según la cual Perseo mata al monstruo a pedradas, según aparece en un vaso antiguo (fig. 22). Recibe Perseo a Andrómeda y en la celebración aparece Fineo, tío de la muchacha, al que había sido prometida con anterioridad. Se desata una guerra entre partidarios de uno y otro y los enemigos acaban convertidos en piedra.
Continúa el héroe su viaje, ya acompañado de Andrómeda, y llega a Sérifos, donde Polidectes había ultrajado a Dánae. El héroe la venga, mata al rey y pone en el trono a Dictis. Entonces devuelve los objetos mágicos a Hermes, entrega la cabeza de la Gorgona a Atenea y marcha a Argos acompañado de su madre y de su esposa. Acrisio, su abuelo, sabiendo de su llegada, huye de Argos por miedo al oráculo y Perseo se instala como rey. Pasados los años viaja a Tesalia para participar en un certamen deportivo y Perseo, en la prueba del disco, lo lanza tan fuerte que golpea de muerte a Acrisio, que estaba en la grada como espectador, cumpliéndose así los designios divinos. Perseo se exilia con su familia y consigue pactar el cambio de gobierno de Argos por el de Tirinto, donde funda la célebre Micenas y se convierte en el eslabón mítico de toda una saga (cuadro genealógico nº 12). A su muerte, Perseo y Andrómeda son elevados a los cielos como las constelaciones homónimas, lo mismo que Cefeo y Casiopea (fig. 32).