Una vez creado el ecosistema, la acción pedagógica se centra en identificar los principales núcleos de aprendizaje que tendrán que adquirir los participantes en la formación. Con el conocimiento deconstruido en unidades, se realizará una secuenciación de contenidos atendiendo a los intereses, necesidades y competencias previas del alumnado. La disposición del contenido, por tanto, está supeditada al alumnado. Con ello, el diseño formativo incide en el fortalecimiento de las redes neuronales afectivas.
La delimitación de los núcleos de conocimiento cumple otra importante función vinculada al aprendizaje, ya que facilitará a los participantes el proceso de identificación y búsqueda de patrones cognitivos anteriores en los que integrar el nuevo aprendizaje. Esta activación de la memoria semántica promoverá la creación de redes neuronales de reconocimiento.
La definición de núcleos de conocimiento supone un hito relevante en cualquier Sistema Dinámico de Formación. A partir de él, el diseño pedagógico progresa hacia la búsqueda de recursos metodológicos apropiados para cada núcleo.
En investigaciones anteriores, hemos comprobado que cada uno de los métodos didácticos que hemos analizado presenta factores potencialmente aprovechables para la formación. Sin embargo, ninguno de ellos es totalmente adecuado para afrontar cualquier proceso formativo en un contexto profesional (Ruiz-Palmero et al., 2019; Sánchez-Rivas et al., 2019a; Sánchez-Rivas et al., 2019b). Sobre la base de este hallazgo, los Sistemas dinámicos de formación pretenden aprovechar lo que mejor se adapta de cada método a la formación en su ecosistema.