El entorno está plagado de potenciales facilitadores de la generación de conocimiento. La intervención pedagógica intencional sobre ese entorno con el fin de aprovechar los recursos, o incorporarlos, en favor del proceso formativo es lo que entendemos como un ecosistema de aprendizaje.
En su fase inicial, el método que proponemos se centra en el análisis del contexto y en las competencias de las personas que van a participar en la formación. Con la información obtenida, se seleccionarán las redes sociales que marcarán las pautas relacionales.
En este ecosistema que se configura como parte del diseño formativo será determinante la disposición de elementos de refuerzo de la motivación. Su función no solo está asociada a incentivar el esfuerzo de los participantes, también persiguen desencadenar la creación de redes neuronales afectivas. Los participantes empezarán a encontrar razones para generar el conocimiento, con lo que se inicia el neuroaprendizaje.
Todos los elementos diseñados y dispuestos en el sistema irán evolucionando en consonancia con el progreso del aprendizaje y con las particularidades devenidas del proceso (dificultades, logros, nuevos núcleos de interés, etc.). De ahí el carácter dinámico que atribuimos al sistema.