La primera de las estrategias que vamos a subrayar es la “Enseñanza por indagación” -IBSE (Inquiry based Science Education) por sus siglas en inglés-. Esta estrategia asume en sí, en el ámbito educativo, algunas de las prácticas que se utilizan en la investigación científica. Por tanto, aunque no es fácil de implementar y supone algunos riesgos, se reconoce como muy potente para el desarrollo de la competencia científica, sobre todo en la dimensión procedimental, así como de los elementos actitudinales. Con una temática orientada hacia lo ambiental, se podrían fomentar, además, actitudes proambientales y especialmente la sensibilidad hacia el problema del cambio climático. Cabe señalar que la indagación puede ser emocionante, aunque eso no significa que todo sean “emociones felices”. Así, además de interés por resolver algo enigmático, la satisfacción por lo descubierto o la sorpresa porque se contradicen ideas personales, también pueden aparecer otras como a la inseguridad ante un problema, la vergüenza de que no se conoce el problema o incluso el aburrimiento cuando se entra en el proceso de búsqueda de explicaciones.
Esta metodología se podría sintetizar en las siguientes fases:
a) Los estudiantes tienen que apropiarse de una pregunta, generalmente inducida por el docente o planteada directamente, relevante y de no obvia solución, que da sentido a la enseñanza. Aquí podríamos pensar en todo aquello que guarda alguna relación con el cambio climático y la crisis ambiental.
b) Los estudiantes tienen que adelantar una respuesta y justificarla, aunque el formato que se elija puede ser variable y que tenga en consideración las características de los discentes. Es decir, formulan una hipótesis que recoge sus preconcepciones, con cierta frecuencia, ideas previas no coincidentes con el conocimiento científico actual.
c) Planificar un diseño que permita la obtención de pruebas que apoyen o refuten sus ideas. Dicho diseño puede implicar un determinado trabajo práctico (a desarrollar en el aula, en el laboratorio, en el campo), o el trabajo con un laboratorio virtual (Google Earth, las aplicaciones del proyecto PHET de la Universidad de Colorado, entre un largo etc). Incluso, sería posible de manera única o combinado con los anteriores, seleccionar un material documental en cualquier formato.
d) Implementar los anteriores diseños experimentales y recopilar información y datos de los mismos: cuantitativos o cualitativos, obtenidos por los propios estudiantes o proporcionados, empíricos o simulados…El análisis de datos podría implicar la representación o expresión de los mismos.
e) Analizar la información transformándola en pruebas que confirmen o refuten las ideas iniciales.
f) Obtener conclusiones que implican la generación de conocimiento y que hay que comunicar. Es más, el componente comunicativo y grupal, con todo lo que ello implica, debe fomentarse también en el resto de las fases.

Fig. 7. Esquema sintético de la enseñanza basada en la indagación (Jimenez Liso, 2020).
Este ciclo de la indagación (Fig. 7) puede ser único o ir conectándose con otros, especialmente cuando tras la obtención de unas conclusiones pueden emerger uno o varios problemas que inicien nuevas indagaciones. Es el caso del diseño “Algo está cambiando”: Propuesta didáctica sobre cambio climático basada en aprendizaje por indagación para 1º y 3º de ESO (Ibañez-Fernández, 2021), que comienza con una supuesta carta de un científico que describe unos preocupantes formaciones de icebergs en la Antártida y en la que la resolución de un interrogante abre la puerta al surgimiento de otro.
Cabe señalar que es crucial, porque condiciona todo el proceso, la selección de la pregunta o situación problemática que genera la indagación. Realmente no es nada fácil. Debe promover la expresión de ideas y generar el deseo de querer responderla. En consecuencia, no debería ser retórica ni de solución obvia, y debería contener un fenómeno del mundo que pueda interpelar, sorprender… (e.g. ¿cómo es posible que haya una masacre de peces por deshidratación en el mar, si están rodeados de agua?). Deben ser adecuadas en función de que sean cercanas y relevantes para los discentes, a la par que investigables.
Finalmente, habría que indicar que son varias las decisiones que se deben adoptar en el diseño de una secuencia indagatoria en relación con la guía que se le presta al estudiantado. Así, según el grado de autonomía que se le da al estudiantado se podría hablar (de muy escaso a muy elevado): cerrada, estructurada, guiada o abierta. El escoger una a otra estará condicionado, entre otros aspectos, por las propias características del estudiantado. Como regla genérica se puede afirmar que la apertura de la indagación irá en aumento conforme el alumnado haya vivido experiencias de indagación y que la indagación guiada produce más efecto que la autónoma.
Otras conceptualizaciones de la metodología IBSE están basadas en la estrategia 5E (por sus siglas en inglés: Engage-implicar, Explore-explorar, Explain-explicar, Elaborate-desarrollar y Evaluate-evaluar). Justo es el caso del proyecto educativo Wasteberg (“iceberg” de basuras) orientado a la Educación Secundaria y en línea con la Agenda 2030, sobre residuos y economía circular (Stacchiotti et al., 2019), por otra parte tópicos profusamente abordados en este MOOC. Aquí, los estudiantes, desde diferentes materias con una perspectiva interdisciplinar, indagan sobre diferentes tipos de residuos de envases, hechos de aluminio, vidrio, plástico y papel, abordando temas como los georecursos, la minería y el ciclo de vida de los materiales de embalaje y los flujos de energía. Los resultados obtenidos van desde la comprensión hasta la concienciación sobre los recursos no renovables y el desarrollo sostenible.