Como se ha dicho, Crono le cortó los genitales a su padre, permitiendo así que Gea alumbrara a los otros Uránidas. Según Vernant (1996), el desplazamiento de Urano por Crono inaugura una cosmogonía en la que el tema central ya no serán las relaciones entre Desorden (Caos) y Orden (Cosmos), sino entre Orden y Poder. De hecho, razones políticas son las que guían la actuación de Crono, el nuevo señor del Universo. Con su hermana Rea engendró a la siguiente generación de diosas y dioses, los llamados Crónidas: Hestia, Deméter, Hera, Plutón, Poseidón y Zeus. Pero para evitar ser destronado como su padre, Crono encerró a los Cíclopes y los Hecatonquiros en el Tártaro, y luego, se fue tragando, nada más nacer, a los cinco primeros hijos que parió Rea.
Los episodios anteriores no han dejado apenas huella en el arte antiguo. A principios del Renacimiento imágenes de la castración de Urano y el cruento canibalismo de Crono ilustran algunos libros y manuscritos (fig. 20). En la pintura manierista y barroca las representaciones de Crono, en general, siguen la tradición romana donde se le identificó con Saturno y se le asociaba con el invierno, el humor melancólico, las labores del campo y con el planeta que lleva su nombre. Por otra parte, en el siglo I a. C. Cicerón (Sobre la naturaleza de los dioses/ De natura deorum, 2.24-25) identifica a Crono con Chrónos (el Tiempo, en griego), que se traga a su prole porque se alimenta de los años. Siguiendo esta interpretación, en 1636 Rubens pintó en un famoso lienzo a Saturno devorando a uno de sus hijos, como la alegoría el Tiempo que todo lo consume; y en el fondo del cuadro, la figura del planeta con los anillos que Galileo había descubierto medio siglo antes (fig. 21). El cuadro de Rubens sirvió de inspiración a Goya, quien en una de sus “pinturas negras” representó el episodio mitológico con un expresionismo atroz (fig. 22).
Sin embargo, el hijo menor de Crono, Zeus, logró salvarse gracias a la astucia de su abuela y de su madre. En efecto, Rea huyó a la isla de Creta y allí dio a luz, en una cueva del monte Ida. Siguiendo las instrucciones de Gea, en lugar de al recién nacido, entregó a Crono una piedra envuelta en pañales (fig. 23). Y así, oculto en las profundidades de la tierra, Zeus creció al cuidado de las Ninfas montaraces y amamantado por la cabra Amaltea. Fueron sus guardianes los Dáctilos o los Curetes del Ida, guerreros nacidos de la Tierra, quienes, para evitar que Crono escuchara su llanto, golpeaban los escudos con sus lanzas (Apolodoro, Biblioteca 1.1, 7). Más adelante, los Curetes entrenarán al joven Zeus en el manejo de las armas, una escena representada en un escudo que se halló, precisamente, en la gruta del Ida (fig. 24).
Finalmente, Zeus pondrá fin a los conflictos dinásticos que caracterizan las etapas finales de la cosmogonía helénica, y se colocará a la cabeza de la última generación de dioses soberanos, los llamados “Olímpicos”. Pero antes tendrá que vencer en tres grandes guerras: la Titanomaquia, la Gigantomaquia y la Tifonomaquia.