Las potencias de Hesíodo también aparecen en los relatos cosmogónicos del orfismo, la doctrina religiosa cuya fundación se atribuía al mítico poeta Orfeo (Unidad 2.2; 3.1; 4.1) y que se ha transmitido de manera fragmentaria y con numerosas variantes. Según algunas, en el principio reinaba el Tiempo (Chrónos) y de él nacieron Éter, Érebo, Caos y un Huevo andrógino, del cual nació Fanes (el “Aparecido”), al que también se llamaba Protogónos, es decir, el “Primogénito” o “Primer nacido” (Unidad 2.2). Sin embargo, según otros testimonios, del Caos originario surgió como primer elemento diferenciado una potencia femenina, la Noche. Así lo expone el cómico ateniense Aristófanes (siglo V a. C.) en este pasaje donde parodia las creencias de los órficos (Aves, 693 -702):
En un principio eran el Caos y la Noche, el negro Érebo y el espacioso Tártaro. Ni la Tierra, ni el Aire ni el Cielo existían. En los senos sin límites del Érebo, la Noche de negras alas alumbra, el primero de todos, un huevo estéril, del cual, transcurridas las estaciones, surgió Eros, el deseable, refulgiendo su espalda con sus dos aladas doradas, semejante a los torbellinos del viento (…) No hubo una primera estirpe de inmortales, antes de que Eros hubiera mezclado todas las cosas: mezclándose unas con otras, nacieron el Cielo, el Océano y la Tierra y el linaje inmortal de todos los dioses bienaventurados (trad. M. Alganza Roldán).