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2.2.1. Linaje de Nereo: Las Nereidas

 

De Nereo y Doris nacieron las bellísimas Nereidas. Sobre su nombre y número difieren las fuentes clásicas: Homero (Ilíada 8.38-49) nombra a treinta y cuatro, Hesíodo (Teogonía 240-265) a cincuenta y dos, Apolodoro (Biblioteca 1.2, 6), cuarenta y cinco, mientras que en las Fábulas de Higino (“Prólogo”, 6) solo son mencionadas diecisiete. Con todo, el papel más relevante en la tradición mitológica, literaria y artística corresponde a tres: Tetis, Anfítrite y Galatea (fig. 4.).

Con Tetis se querían casar tanto Zeus como su hermano Poseidón. Pero, como según un oráculo, el hijo de la Nereida sería más poderoso que su padre, ambos renunciaron y se concedieron a un mortal, Peleo. Al igual que su padre y otros dioses marinos, Tetis podía cambiar de forma, así que para escapar de Peleo se convirtió en fuego, agua, viento, árbol, pájaro, tigre, león, serpiente y, finalmente en una sepia, estado en que el mortal la atrapó. La diosa, pues, tuvo que casarse con Peleo y con él tuvo al gran héroe Aquiles (fig. 5; Unidad 6.1).

Anfítrite, por su parte, fue cortejada por el soberano olímpico del mar, Poseidón, cuando éste, por las razones antes expuestas, renunció a Tetis (Unidad 3.1). Pero, antes de casarse con ella, el dios tuvo que perseguirla hasta los confines occidentales del Océano, ya que Anfítrite era muy pudorosa y quería conservar su virginidad. Pero, gracias a un delfín que reveló a Poseidón dónde se ocultaba su tímida novia, consiguió raptarla y llevársela de vuelta con él en un carro nupcial tirado por caballos marinos (fig. 6). Como premio, el delfín fue convertido en una constelación de nueve estrellas (Eratóstenes, Catasterismos, 31).

También un cortejo de criaturas marinas (delfines, tritones, hipocampos, etc.) suele acompañar en las descripciones literarias y en las representaciones artísticas a Galatea, “la diosa blanca o lechosa” (gála es “leche” en griego) (fig. 7). De esta Nereida se enamoró Polifemo, el cíclope siciliano que co-protagoniza uno de los episodios más conocidos de la Odisea de Homero (Unidad 6.1). Pero ella lo desdeña, según Ovidio (Metamorfosis 13.750 ss.), porque amaba al hermoso Acis, según otros autores, por la monstruosa fealdad de Polifemo. Teócrito (siglo III a. C.) pone en boca del propio Cíclope la segunda versión, cuando, sentado en un acantilado frente al mar, canta la hermosura de la amada, jugando con el significado de su nombre (Idilio 13.19-34).

En el Renacimiento, Sebastiano del Piombo se inspiró en este poema de Teócrito para pintar al Cíclope enamorado (fig. 8). La más célebre recreación de este episodio mitológico en las literaturas hispánicas se debe a uno de los grandes poetas del Siglo de Oro, Luis de Góngora. Así describe a la Nereida (Fábula de Polifemo y Galatea 13.97-100): Ninfa, de Doris hija, la más bella / adora, que vio el reino de la espuma / Galatea es su nombre, y dulce en ella / el terno Venus de sus Gracias suma.

"¡Oh blanca Galatea! ¿Por qué rechazas a quien te quiere? Más blanca eres a la vista que la leche cuajada, más tierna que el cordero, más alegre que una ternerilla, más lozana que la uva verde (…) Yo sé, doncella encantadora, por qué me rehúyes. Es porque una sola ceja llena toda mi frente, de oreja a oreja, larga e hirsuta; debajo de ella hay un solo ojo, y una chata nariz sobre su boca."

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