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3.3. La mitografía medieval y de la Edad Moderna

 

La paradójica situación de los mitos en la Grecia antigua, a veces rechazados por su carácter falso o inverosímil y otras, recuperados para la historia y la filosofía mediante lecturas racionalistas y alegóricas, se repite en la literatura erudita del Medievo y los albores de la Edad Moderna. En la Alta Edad Media la mitología se siguió utilizando en el comentario literario, en particular, de Homero en Bizancio, y en Occidente, de Virgilio. A partir del siglo XII, monstruos de la mitología clásica, como las esfinges, las harpías, los centauros y las sirenas, hacen su aparición en las ilustraciones de los “Bestiarios” y en las fachadas de catedrales e iglesias (figs. 10, 11, 12). Simultáneamente, se produce la revalorización de Ovidio, cuyas Metamorfosis, interpretadas de forma alegórico-moral, como ejemplos prácticos de “virtudes y vicios”, fueron consideradas una especie de “Biblia” pagana en la Baja Edad Media, una valoración que persiste  hasta bien entrado el siglo XVIII.

Los Ovidios moralizados, los tres tratados anónimos conocidos como Mitógrafos Vaticanos y la versión alegórica de Fulgencio (Fulgentius Metaphoralis) precedieron a Los quince libros de la Genealogía de los dioses paganos de Giovanni Boccaccio, la magna compilación del saber mitográfico medieval que ya anuncia el Humanismo. La obra de Boccaccio, que ofrece un copioso caudal de explicaciones evemeristas y astrológicas de los dioses antiguos con una intención moralizante, sirvió de fuente y modelo a los tratados mitográficos posteriores.

Este tipo de exégesis impregnan obras poéticas como el Libro de los fracasos amorosos moralizados, de Évrard de Conty (1498-1499), que se inicia con una recreación ético-didáctica del “Juicio de Paris”,  en la cual el joven protagonista, conducido por Mercurio, debe elegir entre tres tipos de  vida: la intelectual, la del trabajo y la de los placeres, simbolizadas por las diosas Minerva, Juno y Venus (fig. 13). Las interpretaciones físicas y astrológicas de los dioses y otros personajes míticos, por su parte, han quedado plasmadas en la decoración pictórica de numerosos edificios (Unidad 4.2). 

Entre las más famosas obras de este género se cuentan: los frescos alusivos a los meses y el zodíaco del Palacio Schifanoia de Ferrara (fig. 14), la bóveda planetaria del Colegio del Cambio de Perugia (fig.15,) y el horóscopo de la Sala de la Galatea, en la Villa Farnesina de Roma (fig. 16).

Pico della Mirandola, Marsilio Ficino y otros humanistas reinventaron la alegoría neoplatónica, considerando que los mitos del paganismo eran portadores de “misterios”, de saberes ocultos, compatibles con la teología cristiana. Sus ideas inspiraron algunas de las más célebres recreaciones artísticas de la mitología clásica, entre otras, “La Primavera” (fig. 17) y el “Nacimiento de Venus” de Botticelli, y las Venus de Tiziano (Unidad 3.2).

En la vasta erudición mitográfica del Renacimiento destacan obras como la Historia de los dioses gentiles de Lylio Gregorio Gyraldi (1548) y la Mitología de Natale Conti (1551), así como los tratados de iconografía de Vincenzo Cartari (Imágenes de los dioses de los antiguos, 1556) y Cesare Ripa (Iconología, 1593), todas ellas con varias ediciones y muy utilizadas por los literatos y artistas. En España, Juan Pérez de Moya (Philosophia secreta. 1585) abordó los mitos antiguos desde una triple clave exegética - histórica, física y moral-, mientras que Baltasar de Vitoria siguió el esquema de Boccaccio en los dos tomos de su Theatro de los Dioses de la Gentilidad (1620; 1623).

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