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5. El teatro poético: Mariana Pineda (1927)

Durante este trayecto cronológico, el poeta no descuida su obra dramática. En 1926 acaba La zapatera prodigiosa, que no se llevará a la escena hasta 1930. Pero el acontecimiento teatral de este periodo es el estreno de Mariana Pineda en 1927 –en junio en Barcelona y en octubre en Madrid– por la compañía de Margarita Xirgu. En cierto modo, Mariana prolonga la lectura modernizadora del romanticismo a la cual nos hemos referido, aunque no tanto desde las formas de la vanguardia, ya que esta pieza dramática, que Lorca subtitula «Romance popular en tres estampas», arranca de los moldes del teatro poético modernista a lo Marquina. Para empezar, el poeta se propone partir, como indica en una carta de 1923 a Fernández Almagro, del «romance trágico y lleno de color» sobre la heroína de la libertad que pervive en la tradición oral y llega hasta sus recuerdos infantiles, y lograr «una especie de cartelón de ciego estilizado». En el estreno, finalmente, los decorados vanguardistas de Dalí contribuyen a enfriar y distanciar los ribetes melodramáticos (cf. Soria Olmedo) con los que Lorca concibe la pieza, en la que quería exaltar a Mariana Pineda como víctima del amor antes que como mártir de la libertad, subordinar el tema político a un tema sentimental (cf. Díaz-Plaja). En 1927, en efecto, ya ve al margen de su rumbo actual la idea originaria de hacer un drama romántico.

Figura 1: Mariana Pineda. Fuente: Libros de Federico García Lorca

Pueden establecerse, a partir del subtítulo, zonas de contacto entre Mariana Pineda y el Lorca atento a la depuración culta, más que aristocrática, de lo popular (cf. Sánchez Vidal). No solo fundamenta la obra en el romance sobre la heroína liberal, que sirve de prólogo y epílogo, sino que además introduce tiradas de versos con carácter extradramático. De modo que Lorca ensaya romances como el descriptivo de la corrida de toros en Ronda, de factura análoga a los del Romancero gitano, o el histórico de la muerte de Torrijos; coplas populares que presagian la acción, a la manera de lo que hace Lope de Vega; y monólogos elegíacos, en la voz de Mariana, con un lenguaje poético innovador con respecto al teatro modernista y próximo al mundo de Canciones (cf. Soria Olmedo). Mariana, en la estirpe romántica de los personajes lorquianos, es definida por el poeta como una figura esencialmente lírica, sin odas y sin lápidas a la Constitución.