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2. Canciones (1927)

El de Canciones es un título con un obvio sentido musical, que nos remite a la importancia de la música para Lorca, ya desde el comienzo de su formación artística. A lo largo del libro se advierte una dualidad, cada vez más palpable, entre el ritmo ingenuo y los sondeos en lo inefable (cf. Guillermo Díaz-Plaja). Las formas breves y sintéticas se adhieren al programa de podar el «demasiado frondoso árbol lírico que nos dejaron los románticos y los postrománticos», enunciado en la conferencia sobre el cante jondo (1922). El modo de composición es el mismo que el de las Suites, pero estas otras canciones, fechadas por el poeta entre 1921 y 1924, se deslindan por su carácter más exterior, menos meditativo, con el que entroncan –para evitar lo confesional e íntimo que pesaba en la primeriza poesía lorquiana– la simbolización, las metáforas de novísimo cuño y el distanciamiento objetivo a que da pie el humor (cf. Mario Hernández). La ironía y el humor, en efecto, se despliegan en secciones como «Eros con bastón», junto a un tono infantil («Canciones para niños», entre las que se encuentra la conocida «El lagarto está llorando») que no es incompatible en el libro con la idea, tan lorquiana, de un destino fatal (cf. Soria Olmedo): así, la doble «Canción de jinete» de la sección «Andaluzas», dos poemas en los que funciona la imagen mítica del «caballero solo» (cf. José Ángel Valente). De ellos ya se desprende, como del Poema del cante jondo o del Romancero gitano, y por lo que se refiere al tratamiento de la secular materia de Andalucía (cf. Enrique Baltanás), que la literatura de Lorca nos suena a Lorca, nos envuelve en un mundo delimitado (cf. Luis García Montero); un mundo delimitado, que no una «poesía limitada», como la denomina Díaz-Plaja, para quien lo andaluz es una primorosa cárcel en la que Lorca se siente de alguna manera prisionero y esta poesía del granadino representa un retroceso hacia lo típico y pintoresco dentro de la curva –de Salvador Rueda a Juan Ramón Jiménez, pasando por Manuel Machado– que va de lo comarcal a lo universal. Nada encuentra Díaz-Plaja en este Lorca, de todos modos, del andalucismo superficial de ciertos comediógrafos y costumbristas.