Saltar la navegación

4. El público

Aunque la Comedia sin título está catalogada como obra inconclusa, su estructura cohesionada se asemeja más bien a una obra de teatro breve o a lo que en los días actuales llamamos microteatro. El amor como casualidad absoluta del que nos habla la Comedia, representado incluso bajo una capa pansexual (Toro Ballesteros 2016: 64-70), también tendrá cabida en El público, donde asume un fuerte rol mítico y metamórfico:

FIGURA DE CASCABELES. ¿Y si yo me convirtiera en pez luna? 

FIGURA DE PÁMPANOS. Yo me convertiría en cuchillo.

FIGURA DE CASCABELES. (Dejando de danzar.) Pero ¿por qué?, ¿por qué me atormentas?¿Cómo no vienes conmigo, si me amas, hasta donde yo te lleve? Si yo me convirtiera en pez luna, tú te convertirías en ola de mar, o en alga, y si quieres algo muy lejano, porque no desees besarme, tú te convertirías en luna llena, ¡pero en cuchillo! Te gozas en interrumpir mi danza. Y danzando es la única manera que tengo de amarte.

(García Lorca OC II: 289)

 

La defensa del amor, en todas sus formas, como experiencia de autenticidad y libertad encuentra en El público su máxima expresión, ya sea en los diversos símbolos con los que Lorca allí representa el amor homosexual o en cómo replantea las concepciones normativas de género. Así lo permite su argumento metateatral: El público pone sobre las tablas una representación de Romeo y Julieta (Shakespeare, otra vez); sin embargo, en lugar de una actriz, es un actor quien al fin y al cabo interpreta a la muchacha de Verona. Todo el conflicto del drama estalla justamente al enterarse el público del escándalo del travestismo:

MUCHACHO 1.º Tiene razón. El acto del sepulcro estaba prodigiosamente desarrollado. Pero yo descubrí la mentira cuando vi los pies de Julieta. Eran pequeñísimos.

DAMA 2.ª ¡Deliciosos! No querrá usted ponerles reparo.

MUCHACHO 1.º Sí, pero eran demasiado pequeños para ser pies de mujer. Eran demasiado perfectos y demasiado femeninos. Eran pies de hombre, pies inventados por un hombre.

DAMA 2.ª ¡Qué horror!

(García Lorca OC II: 313)

 

Es decir, todo el juego teatral se hace patente a partir de una dialéctica entre esencia y apariencia, haciéndonos recordar la dinámica filosófica del teatro de Luigi Pirandello y dando cabida a una profunda reflexión, de raíz barroca, sobre el theatrum mundi. La falsedad del espectáculo lo convierte, por contradicción, en una denuncia de la opresión del deseo en la esfera social.