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7.3. Urbanización y cambios de uso de suelo

Los impactos asociados a la urbanización y al cambio de uso del suelo representan una de las principales amenazas para la pervivencia de los regadíos históricos. La expansión de las ciudades hacia áreas tradicionalmente agrícolas, junto con el incremento del valor inmobiliario del suelo, ha intensificado la competencia por el agua y por la tierra cultivable. Este proceso no solo reduce la superficie dedicada al riego, sino que también fragmenta los sistemas hidráulicos y dificulta su mantenimiento.

La presión urbana ha generado, además, conflictos entre distintos usos del agua, como el riego agrícola, el abastecimiento doméstico, la industria turística o la producción energética, lo que evidencia las limitaciones de la gobernanza hídrica en muchos territorios. Asimismo, los problemas de tenencia de la tierra y la ausencia de políticas coherentes con la realidad local han acelerado el abandono de muchas comunidades de regantes. Todo ello configura un escenario en el que la presión urbanística y la transformación del uso del suelo no solo ponen en riesgo la viabilidad agraria, sino también la continuidad de un modelo de gestión del agua con alto valor histórico, cultural y ambiental.

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