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3. El coste de los regadíos históricos

El análisis económico de los sistemas de riego, tanto históricos como modernos, muestra cómo los costes y beneficios han condicionado la evolución tecnológica. En los regadíos históricos, basados en la gravedad y en infraestructuras comunitarias de bajo coste, la inversión inicial era reducida pero la eficiencia de uso del agua también lo era desde una perspectiva convencional. Esto contrasta con los sistemas modernos de aspersión y goteo, mucho más eficientes en el uso del agua, pero que requieren inversiones iniciales muy superiores y un consumo de energía creciente.

Los estudios de proyectos financiados por organismos internacionales, como el Banco Mundial, indican que el coste medio de los nuevos desarrollos de riego superficial en las últimas décadas ronda entre 2.500 y 7.000 $/ha, mientras que las rehabilitaciones son más baratas, entre 1.200 y 4.000 $/ha. En cambio, los proyectos de modernización, que incluyen presurización, telecontrol y sistemas de medición, pueden superar los 5.000 $/ha, como ha ocurrido en España dentro del Plan Nacional de Modernización de Regadíos. Un aspecto clave del análisis económico es la presencia de economías de escala: cuanto mayor es la superficie modernizada en un mismo proyecto, menor resulta el coste unitario. En España, por ejemplo, los proyectos de modernización pequeños (menos de 200 ha) superaban los 12.000 $/ha, mientras que en los de gran tamaño (más de 10.000 ha) el coste caía por debajo de los 1.000 $/ha. 

Figura 3: Costes de proyectos de riego. Fuente: Creación propia (CC BY-NC-ND)

Otro factor relevante es el aprendizaje tecnológico. La experiencia acumulada en rehabilitación y modernización de sistemas ha permitido reducir costes a lo largo del tiempo. Aunque la evidencia es desigual, se observan reducciones ligadas a la estandarización de materiales, la competencia entre empresas y la adopción de innovaciones como el riego localizado. Sin embargo, este aprendizaje se ve limitado por la alta dependencia del contexto local: la topografía, la distancia al agua, la disponibilidad de proveedores o el tipo de cultivo influyen decisivamente en los costes.

En el caso de los regadíos tradicionales, este análisis económico muestra un equilibrio histórico entre baja inversión y alta resiliencia. Las comunidades de regantes lograban mantener costes sostenibles gracias al trabajo colectivo y al uso extensivo de infraestructuras sencillas. La modernización, en cambio, abre la puerta a una mayor productividad y eficiencia, pero también introduce nuevos retos económicos, como el endeudamiento de las comunidades o la dependencia energética. De ahí la importancia de valorar no solo los costes de inversión, sino también los costes de funcionamiento y mantenimiento a largo plazo.

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