Sin lugar a dudas, las comunidades de regantes tradicionales son un ejemplo inspirador de cómo la gestión del agua de manera colectiva y el conocimiento ecológico local puede contribuir a la sociedad y al medio ambiente de manera sostenible. Ante la situación actual de crisis climática, sobreexplotación de recursos hídricos, sequías… Estas comunidades son ejemplo de adaptación a diversas situaciones climáticas, ambientales y sociales son, en definitiva, ejemplo de resiliencia.
Por tanto, conservar, proteger y fortalecer a estas comunidades y a las estructuras que gestionan es un acto de justicia histórica y cultural, pero también una estrategia política para hacer frente a diversas situaciones actuales y garantizar un futuro sostenible en relación a los recursos naturales en general. Para ello es necesario un desarrollo de políticas públicas y privadas que reconozcan esta labor, la apoyen y la protejan.