Se trata de la pérdida física de la parte superficial del suelo, asociada tanto a la acción del agua como del viento. La erosión hídrica ocurre principalmente cuando los suelos se encuentran desprotegidos de vegetación (como suele ocurrir en muchas zonas agrícolas) y el flujo superficial que se produce arrastra las partículas del suelo, generando surcos o cárcavas que pueden ser de grandes dimensiones. Este es un grave problema en zona semiáridas y afecta de forma muy seria a gran parte de la península Ibérica, especialmente en las regiones del sur y del este. En este sentido, se llegan a cuantificar pérdidas de suelo superiores a las 200 toneladas de suelo por hectárea y año en numerosas zonas cultivadas en fuertes pendientes. La erosión eólica ocurre también en zonas semiáridas y sin cobertura vegetal y afecta a las grandes llanuras en las que la agricultura es la actividad principal; los problemas de redistribución del suelo son muy importantes en estos ambientes generando zonas de pérdida de suelo y otras de acumulación.
3.1. El suelo: un recurso esencial que hay que cuidar
3.6. La erosión del suelo
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