Multitud de actividades humanas se llevan a cabo sin tener conciencia de la importancia de este preciado recurso y provocan la degradación del suelo a una velocidad mayor que su capacidad de regeneración, por lo que el desarrollo de medidas de protección y un manejo adecuado del mismo son esenciales para asegurar su sostenibilidad a largo plazo. La degradación del suelo se puede definir como un cambio negativo en la salud del suelo que genera una disminución de la capacidad del mismo para producir bienes o prestar servicios para los seres vivos y el resto del ecosistema. Los suelos degradados presentan un estado de salud deteriorado, que no le permiten proporcionar los bienes y servicios normales del suelo ni realizar las funciones básicas para el funcionamiento de las actividades humanas y de los ecosistemas.
Esta preocupación creciente por la conservación de nuestros suelos, así como los numerosos esfuerzos que en el campo de la investigación se han realizado, han ido encaminados a conocer los mecanismos que rigen la degradación del suelo, y tuvieron su culminación en la “Carta Mundial de Suelos” establecida por la FAO en 1982 [2]. En ella se exigía a los gobiernos, organizaciones internacionales y usuarios del suelo en general una utilización más racional del mismo, y resaltaba algunos de los aspectos esenciales de este preciado recurso, entre los que destacamos los siguientes:
1º
El suelo es uno de los bienes más apreciados de la humanidad. Permite la vida de los vegetales, de los animales y del hombre sobre la tierra.
2º
El suelo es un recurso limitado que se destruye fácilmente.
3º
La sociedad industrial utiliza el suelo con fines agrícolas, con fines industriales y con otros fines. Toda política de ordenación del territorio ha de estar concebida en función de las propiedades del suelo y de las necesidades de la sociedad de hoy y de mañana.
4º
Las actividades agrícolas y forestales deben aplicar métodos que preserven la calidad de los suelos.
5º
Los suelos deben ser protegidos de la erosión.
6º
Los suelos deben ser protegidos de la contaminación.
7º
Toda implantación urbana debe ser concebida de forma que tenga mínimas repercusiones desfavorables sobre áreas circundantes.
8º
Las repercusiones de las grandes obras públicas sobre las tierras vecinas han de ser evaluadas desde la concepción del proyecto y tomadas las medidas pertinentes.
9º
El inventario de los recursos edáficos es indispensable.
10º
Es necesario un esfuerzo continuado de investigación científica y de colaboración interdisciplinar para garantizar la utilización racional y la conservación de los suelos.
11º
La conservación de los suelos debe ser objeto de enseñanza a todos los niveles y de información pública continuada.
12º
Los gobiernos y las autoridades administrativas han de planificar y gestionar racionalmente los recursos edáficos.
A pesar de esta declaración de principios que puso de manifiesto la importancia del suelo a nivel internacional, los problemas de degradación de suelo han ido en aumento en todas las regiones del planeta en las últimas décadas del siglo XX. Debido al aumento continuo de los problemas de degradación de suelos, a principios del siglo XXI se realizó una propuesta por parte de la Comisión Europea titulada “Hacia una estrategia temática para la protección del suelo” presentada en 2002 y ratificada en 2006 como la “Estrategia temática para la protección del suelo” [3]. En este documento se trataron las principales problemáticas del suelo, en campos como la erosión, pérdida de materia orgánica y prevención de la contaminación, con el fin de considerar al suelo dentro de las políticas medio ambientales europeas y ponerlo al mismo nivel que el agua y el aire. Sin embargo, en 2014 se procedió a la retirada de la propuesta, ya que la Comisión Europea observó que desde su ratificación no se había generado ninguna actividad relevante [4]. A pesar de este fracaso de las políticas internacionales en materia de protección del suelo, la importancia del medio edáfico sigue siendo considerada un factor clave, por lo que se siguen formando grupos de trabajo y promoviendo iniciativas para preservar este recurso y potenciar su uso racional. Entre las últimas iniciativas relacionadas podemos citar la Alianza Mundial por el Suelo (Global Soil Partnership) de la FAO, o la Resolución del Parlamento Europeo, de 28 de abril de 2021, sobre la protección del suelo (2021/2548(RSP)) [5], en la que se sigue solicitando la creación de un marco jurídico para la protección y el uso sostenible del suelo.