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Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de Juan Bautista Juan López - Número de respuestas: 9

El mito de Narciso –tal como lo relata Ovidio en Metamorfosis (3.339-510)– sigue siendo un referente especialmente fértil para la poesía del siglo XX, porque condensa con enorme potencia una escena, un personaje y unos temas que admiten lecturas muy diversas: la fascinación por la propia imagen, el deseo imposible, la confusión entre realidad y reflejo, y el castigo (o la deriva) de un amor vuelto sobre sí mismo.

En la Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX (Unidad 1.2) os propongo que, tras leer los nueve poemas seleccionados, elijáis los tres que os hayan resultado más interesantes y compartáis en el foro vuestras apreciaciones. La idea es comentar cómo recrean el escenario ovidiano –esa fuente y su “engaño” visual–, cómo construyen al personaje (¿Narciso como vanidad, como herida, como deseo, como metáfora moderna?) y qué elementos temáticos del texto clásico retoman o transforman (identidad, mirada, doble, soledad, imposibilidad amorosa, autodestrucción, etc.).

Me interesa especialmente que señaléis qué quieren expresar sus autores al valerse del mito: qué desplazan, qué actualizan y qué tensiones contemporáneas hacen visibles a partir de esa imagen del joven “abrasado por lo que ve”.

¡Quedo pendiente de vuestras elecciones y lecturas comparadas!


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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de María Isabel Martín Yeste -
Tras la lectura del tema de Narciso en la poesía del siglo XX y los nueve poemas me gustaría destacar los siguientes:
-Federico García Lorca. "Amor (Narciso)"
Se debe destacar la capacidad inmersiva del poema con tan pocas palabras y la facilidad con que Lorca nos introduce a nosotros dentro del propio paisaje. Ejemplo de ello son esas ranas que se zambullen una y otra vez salpicando e impidiendo que el agua se refleje limpia y quieta como un espejo. Siento que Lorca vuelca en la obra y vuelca también a su deseo, que a su vez se vuelve esa imposibilidad amorosa que sería personificada por Narciso el cual, al igual que sus esperanzas, se acaban ahogando. Es por ello que él se relaciona con las mariposas y las aves mientras Narciso, perdido en su absorto en su propia contemplación se relaciona con los peces dormidos.

-E. Martín Vivaldi "Narcisos (Reflejo)"
En este caso el autor nos sitúa en una habitación y al mismo tiempo se nos abre el cielo encapotado que contrasta con el brillo de estos narcisos, con los cuales el autor recurre a estos elementos temáticos en la historia de Narciso. Pero en vez de seguir la historia clásica y dejar a Narciso perdido en su propio reflejo lo que encontramos es a un personaje perdido, sí. Pero perdido en una búsqueda de identidad, en la que está tratando de separar lo que ve de lo que siente.

-M. Delmar "Narciso"
Este es, de los poemas presentados, el que me ha parecido más fiel a la historia que nos narra Ovidio. La autora nos presenta la fuente y es casi visible como poco a poco, el joven vanidoso que se va inclinando más y más sobre su propio reflejo; hasta que finalmente lo vemos caer. Que dando como único testigo la flor que recibe su nombre, siendo esta la que nos narra la historia.
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de EDUARDO IAÑEZ PAREJA -
El poema de Luis Cernuda me ha parecido interesante principalmente por su tono cultista, cercano al barroquismo del cual nos viene en buena medida la aclimatación del mito a la literatura española. Lo más llamativo, lo más personal me parece en este caso el tono de la composición, que se ‘deshumaniza’ conforme practicaba la Vanguardia española de estos años siguiendo a Ortega y Gasset. El recurrente uso de metáforas reviste de cierta dureza la imagen misma de Narciso, desembocando en los dos últimos versos donde remata la frialdad del resto de metáforas previas con la «fugaz memoria de plata» en que concluye el intento de «sueño encantado», de »belleza irreparable» de Narciso. Un poema frío y duro que reactualiza en clave contemporánea (vanguardista, hermética, minoritaria) la soberbia de un personaje mitológico.
El bello poema de Elena Martín Vivaldi es muy propio de su estilo, en la senda de la poesía pura y del tono íntimo y reflexivo inaugurado en su momento por Jorge Guillén, de quien tanto bebe la poeta granadina. Y un poema también intelectualista, en el sentido de que exige un lector que entienda las referencias culturales presentes en la escritura. Me gusta particularmente que, a pesar de la rima (una variación libre sobre la silva, con combinación de heptasílabos y endecasílabos), el peso de la composición descanse en ese versolibrismo conceptual de términos como «brillan», «desvelo», «anhelo»… que nos dan, junto al subtítulo («Reflejos») la clave del poema y ese «destino» del deshacerse de «la figura» como algo inevitable para la belleza y la existencia misma. La clave descansa, así pues, en el desplazamiento hacia la intimidad y la cotidianidad (la habitación desde la que se ve el cielo, las flores y su reflejo ¿en un jarrón, sobre la mesa?) de ese mito del amor que se rompe y se deshace.
En cuanto al poema de Enrique Lihn, me ha llamado poderosamente la atención una de sus posibles lecturas o, quizá mejor, de sus facetas: el hecho de que no conocemos nuestros rasgos más que a través del espejo, de modo que, en cierta medida, «el espejo es mi rostro». ¿Es acaso una invitación a conocernos a nosotros mismos, o más bien una declaración de la inutilidad del intento? Los demás nos reconocen en nuestro auténtico ser objetivo (por así decir), mientras que nosotros solo nos reconocemos en un reflejo al que a veces nos resistimos. Todo lo cual puede desembocar, como la composición parece insinuar al final, en un ahogarnos en nosotros mismos, en «mi propia ausencia», en un desaparecer, en una muerte —como Narciso— que no solo no es me ha recordado, además, los versos de Gil de Biedma en que arremete contra su propia figura en el espejo y concluyen: «¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, / y la más innoble / que es amarse a sí mismo!» (Contra Jaime Gil de Biedma. Poemas póstumos, 1968).
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de Judit Tirado -
Tras la lectura de los poemas, me han resultado especialmente significativos los poemas de Pier Paolo Pasolini, Nicanor Parra y Elena Martín Vivaldi; pues observo que en ellos el mito de Narciso se desplaza hacia problemáticas claramente modernas como la identidad, escisión del yo y fragilidad del ser.

En «Danza de Narciso I», Pasolini transforma el episodio ovidiano en una experiencia íntima, casi corpórea. El yo poético, a este respecto, se identifica explícitamente con Narciso —«Me dije: “¡Narciso!” [...]»—, si bien el reflejo no aparece como pura vanidad, sino como desdoblamiento turbador —«[...] y un espíritu / con mi rostro / oscurecía la hierba / al claro de sus rizos»—. La escena ya no es solo la contemplación fascinada de la propia imagen, sino la irrupción de una alteridad que comparte el mismo rostro. El mito, en este caso, se convierte en metáfora de una identidad inestable, atravesada por el deseo y por ua consciencia oscura de sí misma.

En el poema «Narciso»* de Parra (realmente se titula «Malos recuerdos»), por su parte, el mito sufre un giro radical, pues el Narciso referido no es el joven absorto ante el agua, sino una figura pública juzgada por los demás. La voz poética enumera lugares y acusaciones, y el término «narciso» aparece como etiqueta social, cercana al insulto —«Para la mayoría / soy un narciso de la peor especie. // Me tienen no sé cuántos nombres: // El hombre de dos caras / el que se cree más de lo que es [...]».
La dimensión trágica o estética del mito se sustituye por una lectura irónica y desmitificadora en la que Narciso ya no muere ante su reflejo, sino ante la mirada ajena que lo define y lo condena —«Todos se consideran con derecho / a festejarme con un poco de barro. // ¡Hasta que se termine la paciencia / y me vuele la tapa de los sesos!»—. El conflicto no es entre imagen y realidad, sino entre identidad propia y percepción pública.

Por último, en el poema «Narcisos (Reflejo)» de Martín Vivaldi, el mito se interioriza y se condensa en un espacio íntimo —un cuarto, un cielo gris, un ramo de flores—. El reflejo ya no es solo superficie engañosa, sino que se presenta como símbolo de deseo de afirmación en el ser, de consolidación identitaria —«Ilusión de ser. Anhelo».
En los últimos versos —«[...] ¡Qué ternura / busca en el agua un camino! / Rota su imagen -destino- / se deshace la figura» —, si bien retoma el destino ovidiano, convierte el proceso en una experiencia existencial, pues la disolución no es castigo por soberbia, sino por fragilidad identitaria.

En conjunto, estos tres poemas muestran que el Narciso del siglo XX ya no representa solo la vanidad castigada, sino la crisis existencial del sujeto moderno —desdoblado, en Pasolini; expuesto a la mirada social en Parra; enfrentado a la inestabilidad de su propia imagen, en Martín Vivaldi—. El mito de Ovidio sobrevive como matriz simbólica, aunque de manera reactualizada, con el fin de expresar tensiones contemporáneas sobre el yo y su reflejo.
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de Marina Utrera Garrido -
Acerca de la lectura de los poemas, me han llamado la atención los de Cernuda, Pasolini y Linh.

Cernuda sitúa a su Narciso en un escenario cortante y frío, lo cual contrasta con la pasión que Narciso siente por sí mismo. Este campo semántico de lo frío y duro lo construyen imágenes como la del "diamante azogado", el "agua helada", el "inmóvil paroxismo" o la "memoria de plata". Incide en que Narciso queda solo, sin compañía de nadie más, en su abismo.

Con respecto al poema de Pasolini, el escenario consiste en una naturaleza de flores oscuras entre la que Narciso observa a su propio reflejo como un espíritu con su rostro. El final del poema destaca por el contraste entre oscuridad y claridad: "oscurecía la hierba/con el claro de sus rizos", lo cual me hace pensar cuán brillante debe de ser esa hierba para que unos rizos claros la oscurezcan. Creo que Pasolini busca construir una impresión estética relacionada con el malditismo, con un posible enfant terrible, en este poema.

Por último, me ha llamado la atención el poema de Linh. En este caso, no hay ningún escenario más que la distancia entre el rostro y el espejo, lo que nos sitúa en un clima algo asfixiante que se alimenta por la acumulación de varias frases cortas en un verso, haciendo el espacio poético más estrecho aún. Este Narciso manifiesta "me he desaparecido", de tanto mirar su reflejo ha perdido el sentido de su propia identidad, como ocurre algunas veces cuando repetimos muchas veces seguidas una palabra y ésta parece vaciarse semánticamente. Es posible que este sea el poema que hace una reflexión más directa sobre el solipsismo de Narciso.
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de Carmen García Rosales -
H. Saba, "Narciso en la fuente"

Este poema recrea de forma muy condensada la escena clásica de las Metamorfosis de Ovidio, manteniendo la fuente oscura, el reflejo como espejo, el intento de beso y la transformación final en flor, pero lo hace con gran intensidad y rapidez, como si todo ocurriera en un instante trágico. La fuente aparece como un espacio engañoso y frío, y Narciso no se presenta solo como un joven vanidoso, sino como alguien dominado por un deseo profundo y anhelante, que busca una boca que le responda y recibe a cambio “hielo”. Se subraya así la idea del error y de la insistencia ciega en una ilusión, lo que desplaza el mito hacia una reflexión más moderna sobre la imposibilidad de amar cuando el deseo está vuelto hacia uno mismo; la metamorfosis final en flor no aparece como gloria, sino como consecuencia de esa obsesión autodestructiva, convirtiendo a Narciso en símbolo del deseo frustrado y de la identidad atrapada en su propio espejo.


P. P. Pasolini "Danza de Narciso I"

En este segundo poema el mito ya no se recrea desde la escena de la fuente de las Metamorfosis de Ovidio, sino que se interioriza y se vuelve casi simbólico; no aparece el agua ni el espejo, sino un “yo” que se siente “negro de amor”, desdibujado y convertido él mismo en flor, como si la metamorfosis estuviera ocurriendo desde dentro. Cuando el hablante se nombra a sí mismo surge un “espíritu con mi rostro”, es decir, un doble, una proyección que oscurece la hierba, lo que introduce el tema de la identidad fragmentada. El mito aquí parece transformarse en una reflexión más moderna sobre el yo que se contempla y se divide, sobre un amor que no encuentra objeto claro (“deseando sin anhelo”) y que genera extrañamiento. Más que contar la historia clásica, el poema usa a Narciso como símbolo de una conciencia que se mira a sí misma hasta perder sus límites, convirtiendo el mito en metáfora de la soledad interior y de la búsqueda de identidad.


M. Delmar "Narciso"

En este tercer poema el mito vuelve a situarse en la escena clásica de la fuente de las Metamorfosis de Ovidio, pero aquí el énfasis no está tanto en el engaño visual como en la experiencia interior de Narciso, el agua “le mira”, como si el reflejo tuviera vida propia, y sus ojos ya no pudieran escapar de la mirada del espejo, lo que refuerza la idea de pérdida de control y de identidad desdoblada. El poema insiste en que “nunca nadie” quedará como él, ensimismado, perdiendo la “certeza de las horas”, de modo que el mito se convierte en una reflexión sobre la suspensión del tiempo. Narciso queda fijado en un “tiempo sin tiempo”, detenido en la contemplación de su propia imagen. Cuando intenta besar ese reflejo, el amor “desbordado” se disuelve en las ondas, lo que acentúa la imposibilidad del deseo y su carácter fugaz. La flor final, que “lleva su nombre”, funciona como memoria poética de esa caída, de manera que el autor parece utilizar el mito para expresar la fascinación y el peligro de quedarse atrapado en uno mismo, perdiendo el mundo, el tiempo y la realidad en la contemplación de la propia imagen.
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de Conchita Lagunas Davis -
He seleccionado los poemas de F.G. Lorca, L. Cernuda y E. Martín,
Desde mi punto de vista, Lorca se vale del mito de Narciso para expresar su dolor tal vez un amor imposible no correspondio: dolor que también siente Narciso, de acuerdo con el texto de Ovidio, al querer alcanzar el cuello de su imagen y no ser correspondido por la imagen de la fuente que mira. Lorca recrea parcialmente parte los elementos de la naturaleza presentes en Ovidio, al referirse al "olor" de la flor. Pero pasa pronto a lo emocional. Interesante que "olor" y "dolor" rimen.
El poema de Cernuda me parece que se centra más en la idea de lo efímero de la imagen de Narciso en el agua, que parece en principio eterna, pero que al final se rompe. Hay varias imágenes que describen el agua como algo inquebrantable: diamante azogado, agua helada, inmóvil paroxismo. Pero esa magia de algo duradero acaba rompiéndose y convirtiéndose en una memoria fugaz. Me parece que Cernuda recupera la referencia a la imagen de Narciso en el agua de la fuente, así como su destrucción al querer ser atrapada por Narciso. Al valerse del mito, en mi opinión, Cernuda reincide en la fugacidad de la belleza, lo mismo que Ovidio, y el sentimiento de frustación que produce la imposibilidad de asirla. Lo expresa bien a través de las palabras "espacio infranqueable".
El poema de Elena Martín es bastante diferente a la narración del mito de Olvidio. Va de las flores al personaje. En Ovidio se enfatiza la soledad del personaje, en el poema de Elena Martín, sin embargo, la soledad se transfiere al entorno, y “los narcisos”, en plural, añaden una nota de color al entorno. Es la proyección de su imagen en la pared la que hace a la poeta rememorar el mito y todos los elementos asociados con él.
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de pilar del aguila suarez -
En esta actividad lo que me ha llamado la atención fueron las obras de “Narciso” de Luis Cernuda, “Danza de Narciso I” de Pier Paolo Pasolini y “Narcisos (Reflejo)” de Elena Martín Vivaldi, porque en los tres casos el mito se aleja bastante de la idea tradicional de Narciso como símbolo de simple vanidad.

En el poema de Cernuda, el reflejo en el agua sigue recordando claramente al episodio de Ovidio, pero la sensación que transmite es más bien de distancia y pérdida. Narciso parece enfrentarse a una belleza que existe solo mientras se contempla, lo que me hizo pensar en la fragilidad de la identidad y en cómo aquello que creemos poseer puede desaparecer fácilmente.

En Pasolini, el mito se vuelve mucho más interior. Narciso no parece enamorarse solo de su imagen, sino enfrentarse a otra versión de sí mismo. El reflejo funciona casi como un doble inquietante, y el poema transmite la sensación de que conocerse a uno mismo puede resultar incómodo o incluso doloroso. Aquí el mito sirve para hablar de la dificultad de entender quién somos realmente.

Por último, en Martín Vivaldi, el mito aparece integrado en un espacio cotidiano y más íntimo. El reflejo ya no parece un castigo, sino una búsqueda personal. Narciso se convierte en una figura más vulnerable que orgullosa, lo que transforma el sentido clásico del mito y lo acerca a preocupaciones modernas relacionadas con la inseguridad y la necesidad de afirmación personal.

En conjunto, creo que estos autores utilizan el mito de Narciso para expresar una inquietud muy propia del siglo XX: la dificultad de reconocerse en la propia imagen. El joven que en Ovidio queda atrapado por lo que ve se convierte aquí en una metáfora del individuo moderno, que se mira constantemente intentando comprenderse, pero sin llegar nunca a coincidir del todo consigo mismo.
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Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de kika sureda adrover -
He seleccionado tres poemas que transforman el texto de Ovidio desde perspectivas muy diversas: la lírica simbólica, la antipoesía y la introspección existencial.

1. Federico García Lorca: «Amor (Narciso)»
En este poema, Lorca despoja el escenario de Ovidio de su exuberancia física para convertirlo en un espacio puramente geométrico y simbólico. Mientras que en las Metamorfosis Narciso es una «estatua de mármol», el Narciso lorquiano es un «niño» que se pierde en la superficie del agua.
Lorca utiliza el mito para hablar de la disolución de la identidad. El agua no es un espejo que devuelve una imagen, sino un abismo que «se abre» para devorar al sujeto. El autor expresa el narcisismo no como vanidad, sino como una tragedia de la soledad y el aislamiento infantil.
2. Nicanor Parra: «Narciso»
Es quizás el contraste más fuerte con el texto clásico. Parra, fiel a su estilo de antipoesía, rompe con el lenguaje elevado y la naturaleza idealizada de Ovidio. El escenario ya no es una fuente sagrada, sino un entorno cotidiano donde el personaje se enfrenta a su reflejo con una ironía casi cruda.
Parra utiliza el mito para criticar el egocentrismo del hombre moderno. Al desmitificar al personaje, el autor nos dice que el Narciso contemporáneo no muere de amor por su belleza, sino por su propia incapacidad de mirar hacia afuera, convirtiendo el mito en una sátira de la vanidad intelectual.
3. Elena Martín Vivaldi: «Narcisos (Reflejo)»
La poeta granadina recupera la atmósfera húmeda y vegetal del escenario de Ovidio, pero lo traslada al ámbito de la memoria. Si en Ovidio el reflejo es una «sombra», en Martín Vivaldi es un puente hacia el interior de una misma.
Utiliza el mito como una metáfora del proceso creativo y la introspección. Aquí, mirarse en la fuente no es un castigo, sino una necesidad vital para entender el paso del tiempo. El doble ovidiano se convierte en un diálogo entre la mujer que es y la que fue, buscando una unidad que el tiempo (el agua que corre) amenaza con romper.

Estos autores demuestran que el vaticinio de Tiresias sigue vigente: el conocimiento de uno mismo sigue siendo el eje del drama humano. Mientras Ovidio castiga la soberbia, la poesía del siglo XX utiliza a Narciso para explorar la angustia existencial, la alienación y la búsqueda de la belleza en un mundo fragmentado.
En respuesta a Juan Bautista Juan López

Re: Actividad 3. El tema de Narciso en la poesía del siglo XX

de kika sureda adrover -
He seleccionado tres poemas que transforman el texto de Ovidio desde perspectivas muy diversas: la lírica simbólica, la antipoesía y la introspección existencial.

1. Federico García Lorca: «Amor (Narciso)»
En este poema, Lorca despoja el escenario de Ovidio de su exuberancia física para convertirlo en un espacio puramente geométrico y simbólico. Mientras que en las Metamorfosis Narciso es una «estatua de mármol», el Narciso lorquiano es un «niño» que se pierde en la superficie del agua.
Lorca utiliza el mito para hablar de la disolución de la identidad. El agua no es un espejo que devuelve una imagen, sino un abismo que «se abre» para devorar al sujeto. El autor expresa el narcisismo no como vanidad, sino como una tragedia de la soledad y el aislamiento infantil.
2. Nicanor Parra: «Narciso»
Es quizás el contraste más fuerte con el texto clásico. Parra, fiel a su estilo de antipoesía, rompe con el lenguaje elevado y la naturaleza idealizada de Ovidio. El escenario ya no es una fuente sagrada, sino un entorno cotidiano donde el personaje se enfrenta a su reflejo con una ironía casi cruda.
Parra utiliza el mito para criticar el egocentrismo del hombre moderno. Al desmitificar al personaje, el autor nos dice que el Narciso contemporáneo no muere de amor por su belleza, sino por su propia incapacidad de mirar hacia afuera, convirtiendo el mito en una sátira de la vanidad intelectual.
3. Elena Martín Vivaldi: «Narcisos (Reflejo)»
La poeta granadina recupera la atmósfera húmeda y vegetal del escenario de Ovidio, pero lo traslada al ámbito de la memoria. Si en Ovidio el reflejo es una «sombra», en Martín Vivaldi es un puente hacia el interior de una misma.
Utiliza el mito como una metáfora del proceso creativo y la introspección. Aquí, mirarse en la fuente no es un castigo, sino una necesidad vital para entender el paso del tiempo. El doble ovidiano se convierte en un diálogo entre la mujer que es y la que fue, buscando una unidad que el tiempo (el agua que corre) amenaza con romper.

Estos autores demuestran que el vaticinio de Tiresias sigue vigente: el conocimiento de uno mismo sigue siendo el eje del drama humano. Mientras Ovidio castiga la soberbia, la poesía del siglo XX utiliza a Narciso para explorar la angustia existencial, la alienación y la búsqueda de la belleza en un mundo fragmentado.