Buenas noches:
Como resumen lo más conciso posible del fragmento propuesto, me atrevo a destacar que Malinowski aborda en este texto el problema de la naturaleza y la función del mito en las sociedades primitivas, defendiendo las siguientes tesis: el mito no es un mero relato literario (una interpretación poética de la naturaleza) ni una forma rudimentaria de ciencia, sino una institución cultural con una determinada función social. Para Malinowski, el mito está integrado en la vida social como parte de rituales, normas y prácticas colectivas y posee una función legitimadora, porque refuerza la tradición, aporta autoridad a las normas sociales, conecta el presente con un pasado glorioso y garantiza la transmisión intergeneracional de las tradiciones. De este modo, el mito es dinámico y se regenera constantemente con cada proceso de cambio histórico.
Al hilo de la lectura de este texto, se me ocurre establecer una relación con el concepto de imaginario social instituyente desarrollado por Cornelius Castoriadis y retomado por Charles Taylor en Imaginarios sociales modernos. Hemos visto que para Malinowski el mito desempeña un papel fundacional en las instituciones sociales, porque legitima normas, jerarquías y prácticas, y garantiza cohesión social, de manera que se “vive” como una realidad efectiva, no como un relato fantástico. Voy a sintetizar las ideas básicas de los otros autores que he mencionado.
Para Cornelius Castoriadis (La institución imaginaria de la sociedad), el imaginario social instituyente es el conjunto de significaciones, normas, valores y símbolos creados por una sociedad y que estructura y sostiene su realidad, instituciones y cultura. Castoriadis insiste en que no es una ficción, sino una fuerza instituyente y constituida que marca el sentido de la vida colectiva y la identidad social, y funciona de un modo que él expresa metafóricamente como un “magma de significaciones”, un conglomerado de ideas, valores, normas, etc., complejo, plástico y cambiante. Es decir, la sociedad posee la capacidad de crear significaciones que no derivan de la naturaleza, instituyendo normas, valores y formas de organización y produciendo eso que él llama “significaciones sociales imaginarias”, como por ejemplo Dios, la patria, el progreso o el mercado. Este imaginario no es para el pensador franco-griego ni falso ni meramente ideológico, sino que es un fondo creativo que instituye y hace posible la sociedad misma.
El filósofo canadiense Charles Taylor, en Imaginarios sociales modernos, redefine en términos históricos el concepto de Castoriadis, entendiendo el “imaginario social moderno” como el conjunto de imágenes, relatos y expectativas compartidas que hacen posibles prácticas sociales y la forma en que la gente común imagina su existencia social. La modernidad occidental está estructurada según Taylor por imaginarios sociales como la economía de mercado, la esfera pública o la soberanía popular. Como sucedía en Malinowski con el mito, el imaginario social moderno legitima y hace comprensible nuestro orden liberal-democrático, ya que ofrece el trasfondo narrativo que valida prácticas e instituciones.
No sé si os parecerá atinada esta conexión. Ruego me disculpéis si su tono académico resulta excesivamente prolijo o denso, pero —deformación profesional— me dedico a la enseñanza de la Filosofía.