Las acequias de Sierra Nevada como refugios de biodiversidad
Las acequias tradicionales de Sierra Nevada generan hábitats únicos en sus márgenes. Helechos, musgos y juncales prosperan en estos espacios, formando comunidades vegetales que no existirían en las áreas circundantes más áridas. Es particularmente relevante su papel en la conservación de especies amenazadas.
Por ejemplo, 18 de las 39 especies vegetales higrófilas catalogadas en Sierra Nevada dependen directamente de estas acequias. Entre ellas se encuentra Tephroseris balbisiana subsp. elodes (Boiss. ex Dc.) P. Vargas & Luceño, un endemismo en peligro de extinción que solo se encuentra en pastizales húmedos alimentados por acequias.
Sin estas infraestructuras, muchas de estas especies desaparecerían, como ocurrió con Ophioglossum vulgatum tras el entubamiento de una acequia clave. Además de las plantas, las acequias son hábitats fundamentales para anfibios como ranas y sapos, que encuentran en sus márgenes lugares ideales para reproducirse. También albergan aves insectívoras, como el ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), que utiliza la vegetación ribereña para anidar y alimentarse, lo que refuerza la conexión entre la biodiversidad y el manejo hídrico sostenible.
Efecto de las acequias tradicionales sobre el funcionamiento de robledales y pinares
Camarero (2024) resalta el papel crucial de las acequias tradicionales en Sierra Nevada para mitigar el estrés hídrico en los bosques de robles (Quercus pyrenaica) y pinos (Pinus sylvestris), dos especies que alcanzan en esta región sus límites de distribución xerotérmica en Europa. Ambas especies mostraron beneficios significativos al crecer cerca de las acequias, en comparación con los árboles ubicados en áreas de control alejadas de estas estructuras. Los árboles próximos a las acequias presentaron un mayor crecimiento radial, particularmente en los robles, donde este efecto se mantuvo a lo largo del tiempo. En los pinos, aunque el impacto fue más evidente durante años de sequía extrema, como en 1995, también se observó una prolongación de la temporada de crecimiento hasta finales del verano o principios del otoño, gracias al mantenimiento de niveles de humedad en el suelo durante los meses secos.
En términos de resistencia y recuperación ante la sequía, los árboles cercanos a las acequias mostraron una mayor capacidad para soportar y recuperarse de estos eventos, especialmente los pinos. Por su parte, los robles destacaron por su capacidad para mantener un crecimiento más estable y resiliente a largo plazo. Esto refleja las diferentes estrategias adaptativas de las dos especies: los robles presentan una mayor resistencia al estrés hídrico debido a su comportamiento anisohídrico, mientras que los pinos exhiben una recuperación más rápida tras las sequías, favorecida por su respuesta más plástica a las condiciones de humedad. Ambos tipos de árboles cercanos a las acequias presentaron menor eficiencia intrínseca en el uso del agua, lo que sugiere que la disponibilidad de agua proporcionada por las acequias les permite mantener una conductancia estomática mayor, favoreciendo la fotosíntesis y el crecimiento incluso en condiciones climáticas adversas. Este efecto fue particularmente notable en las acequias sin revestimiento, que infiltran el agua con mayor eficacia y recargan los acuíferos locales. En contraste, las acequias revestidas mostraron un impacto menor debido a su limitada capacidad de infiltración.
Las balsas y acequias no impermeabilizadas contribuyen a la recarga de acuíferos y generan humedad en el suelo a lo largo de la ladera, lo que favorece la aparición de pastos y ayuda a amortiguar los efectos de la sequía sobre los bosques.
Galerías de alisos y otros bosques de ribera
Las galerías de alisos (Alnus glutinosa) en Sierra Nevada, aunque menos comunes, son fundamentales para la biodiversidad en los márgenes de acequias y canales. Estas formaciones, acompañadas de helechos, juncos y de flora endémica como Carex camposii, crean hábitats únicos que albergan una rica biodiversidad. Además de regular el agua y estabilizar los suelos, las alisedas sirven de refugio para fauna como insectos acuáticos y aves ribereñas.
Las choperas asociadas a los regadíos históricos son ejemplos destacados de cómo el manejo tradicional del agua crea paisajes biodiversos. Formadas principalmente por álamos blancos (Populus alba) y chopos negros (Populus nigra), estas formaciones generan microclimas frescos y húmedos que contrastan con el entorno árido. Proporcionan refugio a aves como la abubilla (Upupa epops) y la oropéndola (Oriolus oriolus), así como hábitat para pequeños mamíferos y reptiles. Además, las choperas desempeñan un papel esencial como corredores ecológicos, conectando áreas naturales y facilitando el desplazamiento de especies en un paisaje fragmentado. También ayudan a estabilizar los suelos, a reducir la erosión y a mejorar la calidad del agua, lo que evidencia su relevancia tanto para la biodiversidad como para la sostenibilidad agrícola.
Que les permite mantener la actividad bajo fluctuaciones en la disponibilidad de agua.