Una de las principales características que definen los sistemas históricos de regadío es el componente gravitacional. En otras palabras, el agua discurre o “corre” hacia abajo, buscando una pronta salida al mar. Por ello, los sistemas históricos de regadío están planificados para asegurar una pendiente estable que permita retener la mayor cantidad de tiempo el agua y su aprovechamiento en la derivación hacia las diferentes partes, tanto de almacenaje como de regadío.
Entender esto es fundamental a la hora de cartografiar los sistemas históricos de regadío. Por ello, el punto inicial en la recolección de datos será el punto más alto del sistema. Este punto es conocido como la toma de la acequia y se considera el inicio de todas las mediciones que realizamos en la red hidráulica de estos sistemas. Desde ahí, y de forma altitudinal, el investigador trata de esbozar una red que poco a poco se irá complejizando, formando una estructura arborescente, es decir, con forma de árbol, en la que las diferentes acequias secundarias formarán ramas cada vez más y más densas.
Cada una de las acequias documentadas se representa como una línea. A esta línea se le van añadiendo posteriormente diversas líneas que representan las acequias o canales secundarios. El objetivo del investigador es establecer una jerarquía entre los canales principales y los secundarios, así como observar cómo se divide el agua. Las divisiones entre los canales principales y secundarios, y entre los secundarios y los terciarios, se realizan a través de los llamados partidores o boqueras. Estas son divisiones artificiales del agua que tienen una larga tradición y que poseen una manifestación material diversa, siendo las más simples aperturas con tierra en los laterales de la acequia o infraestructuras construidas en mampostería de piedra o en cemento que dividen los canales en varios cauces.
El estudio de estos partidores es importante, puesto que nos ayuda a comprender la densificación de la red. De igual manera, son la manifestación material de un desafío histórico concreto al que las comunidades humanas tuvieron que hacer frente. En la representación cartográfica suelen representarse como un punto que solapa con las líneas de la acequia y del que, normalmente, suelen partir las divisiones secundarias o “ramales”, así como los canales más pequeños destinados al riego del parcelario, también conocidos como “brazales de riego”.
El área asociada al regadío de cada uno de los sistemas es de igual manera importante para comprender la magnitud de los sistemas de regadío y caracterizar las hectáreas de riego de estos. Esto se realiza mediante la delimitación de los espacios de regadío asociados a las acequias mediante polígonos. A su vez, estos polígonos, que delimitan en buena manera el sistema hidráulico, presentan una subdivisión interna y una jerarquización, al igual que ocurre con las acequias. Cada una de estas acequias suele estar muy condicionada por el componente humano. Es por ello que se suele asociar una diferenciación a las diferentes vegas o pagos por los que las acequias discurren.
Dividiendo y compartimentando el espacio del territorio, podemos asociar prácticas completas en la forma de regar (bien goteo, bien a manta) y también en el tiempo de riego de cada una de las zonas. Esto nos permite conocer la disponibilidad de agua y realizar cálculos asociados a la distribución de esta y a la capacidad del cultivo en diversas áreas. No obstante, esta información es una parte fundamental del componente humano de los sistemas históricos, muy difícilmente observable en la cartografía y en el territorio como tal.