Una vez observado el territorio y conociendo las características del medio en el que se ubican los sistemas hidráulicos, se planifica la estrategia de documentación en campo. En este sentido, las mejoras tecnológicas han aportado una considerable reducción de tiempo a la documentación.
La primera de dichas mejoras viene de la mano de los avances en fotografía aérea y la teledetección. Las mejoras y el desarrollo de la aviación y, más tarde, de los satélites a partir de la segunda mitad del s. XX han supuesto la identificación de sistemas de regadío en zonas muy remotas y de muy difícil acceso con métodos tradicionales. De igual manera, han permitido la revisión y el monitoreo de los sistemas ya documentados previamente, permitiendo realizar evaluaciones acerca del impacto de estos en el medio ambiente.
Este proceso de toma de datos, desde la fotografía aérea digital, se completa con la creación de una base de datos en un servidor, donde toda la información geográfica queda almacenada. A este proceso lo denominamos digitalización cartográfica.
Conocer
Antes de la popularización de los SIG, el trabajo de digitalización se llevaba a cabo mediante la medición manual de diversos puntos y acotaciones en los mapas topográficos. El cartógrafo solía portar el mapa en papel y se realizaban las anotaciones y el dibujo a mano, con la ayuda de puntos tomados mediante GPS y brújula para mantener el rumbo.
Sumado al proceso de análisis de las cartografías, una de las grandes mejoras que ha supuesto la irrupción de las nuevas tecnologías ha sido la aparición del LIDAR. La tecnología LIDAR (Light Detection and Ranging) consiste en un conjunto de sensores, normalmente aerotransportados, que funcionan a base de la emisión de pulsos láser o de luz y que calculan el rebote en una distancia determinada. Esto permite una reconstrucción topográfica de alta resolución. No obstante, su principal característica, y lo que a su vez le ha otorgado un mayor protagonismo en su uso para el estudio del medio ambiente, es su capacidad de atravesar las copas de los árboles, la vegetación y los matorrales. Gracias a estas características, la tecnología LIDAR permite el establecimiento y la representación de modelos tridimensionales de una alta resolución de partes muy concretas del territorio, en las que de otra manera sería muy difícil obtener una información fidedigna. A día de hoy, son numerosas las entidades, tanto públicas como privadas, que mapean el territorio y hacen que tengamos acceso a este tipo de datos.
Los datos transformados a través de sistemas de información geográfica con un software específico permiten la creación de modelos digitales de terreno (MDT) que posteriormente se transforman en cartografías, solapando los datos previos que se han digitalizado (procedentes de cartografías antiguas o de trabajos de campo previos). En la imagen siguiente se observa cómo se remueven parte de los datos en bruto (color), pasando por el relieve con vegetación, hasta eliminarlo por completo.
Fuente: Creación propia en QGIS mediante información geográfica de la REDIAM y CNIG. (CC BY-NC-ND)
Por ello, el uso de datos LIDAR posee un gran valor no solo para la ordenación y clasificación del territorio, sino también para el monitoreo y la corrección de datos previos. De esta manera se han convertido en herramientas muy importantes en disciplinas que estudian el territorio y el medio ambiente, pero también para aquellas que, desde el punto de vista holístico, es decir, humano, observan los cambios sufridos en el mismo, como el caso de la Arqueología. En esta disciplina, son numerosos los descubrimientos que en las últimas décadas se han llevado a cabo y que, de otra manera, difícilmente se hubieran conocido.
La teledetección y el uso de tecnología LIDAR son parte fundamental de la metodología de trabajo en la cartografía de los sistemas históricos de regadío.
En la actualidad, la evolución tecnológica en los dispositivos móviles ha permitido mejorar no solo la toma de datos, reduciendo el tiempo de espera. El uso de los SIG en dispositivos móviles permite portar los mapas directamente en el campo. De igual manera, se pueden introducir los datos de los sistemas históricos de regadío directamente en el dispositivo, haciendo que estos queden ligados a una base de datos centralizada. Permiten solapar los datos desde la cartografía original con la realidad cambiante del paisaje rural en el que se encuentran insertos estos sistemas de regadío.
Es por ello que esta metodología permite la realización de modificaciones y de comprobaciones desde la propia cartografía original. De igual manera, las correcciones y comprobaciones posteriores pueden realizarse tanto desde el propio dispositivo móvil como desde la propia base de datos central, quedando ligados los cambios en los diversos dispositivos. La aplicación de esta metodología permite no solo abarcar una gran extensión territorial, sino que permite que la toma de datos sea homogénea en los diferentes dispositivos, creando un producto con un formato estandarizado.
La evolución metodológica que se viene llevando a cabo refleja una intención de mejora tanto en la precisión como en la eficiencia de los datos. En general, cada avance ha supuesto una respuesta a desafíos concretos de diversos momentos históricos que han permitido el establecimiento de un corpus metodológico robusto y adaptable a las diversas disciplinas que estudian el medio ambiente. Cada avance ha sido una respuesta a los desafíos específicos de su tiempo, contribuyendo al desarrollo de una metodología más robusta, adaptable y, en definitiva, interdisciplinar.