Saltar la navegación

4. El almacenamiento de energía

 

Vivimos en un mundo donde la movilidad es importante. La necesidad de desplazarse usando vehículos es constante por motivos de ocio, de trabajo, para suministros… Y la mayoría de estos desplazamientos se realizan utilizando vehículos que basan su funcionamiento en combustibles fósiles.

En este sentido, el uso de las tecnologías de almacenamiento de energía se está convirtiendo cada vez más en una alternativa, de nuevo, no exenta de detractores, entre otras razones, por los problemas que puede causar al medio o la dificultad implica obtener (…¡y en cantidad importantes!) algunos recursos minerales muy específicos para su fabricación. La realidad es que cada vez es más frecuente la presencia de vehículos (tanto de cuatro como de dos ruedas … o ¡incluso de una!) que funcionan con electricidad.

Estos vehículos utilizan baterías en las que se almacena la energía, que podrían ser, de forma resumida a partir de [7]: baterías de plomo-ácido (una tecnología madura pero limitada por su peso y alcance) o baterías ion-litio (que pueden almacenar más energía, requieren menos mantenimiento y son más flexibles, ya que pueden fabricarse con una variedad de minerales diferentes, aunque tienen un mayor costo y requieren más protección para evitar el riesgo potencial de incendio). Estas últimas están sustituyendo a las primeras y se están apoderando del mercado.

La composición de las baterías puede variar, aunque generalmente tienen tres elementos principales [7]: un cátodo, un ánodo y un electrolito para permitir que la electricidad se recopile y descargue en diferentes momentos. Los minerales utilizados para estos elementos difieren entre y dentro de las diferentes tecnologías de batería (ion litio, plomo-ácido u otras) que se utilicen. Además de los quizás más conocidos como cobalto y litio, las baterías generalmente usan una amplia variedad de recursos: aluminio, plomo, manganeso, grafito, níquel, … De ellos, grafito y níquel representan las sustancias con mayor demanda (53,8% y 18,6%, respectivamente) [7]. En la Figura 5 se recogen algunas de estas sustancias.

                                                                                           2

Figura 5. Diversos recursos que se pueden requerir para diferentes tipos de dispositivos de almacenamiento de energía.

Fuente:  Elaboración propia a partir de datos de [5, 7 y 8].

Creado con eXeLearning (Ventana nueva)