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1. Introducción

Como se está poniendo de manifiesto a lo largo de este curso, son numerosos y de gran relevancia los beneficios y valores de las acequias y los sistemas históricos de riego, los cuales están propiciados por un hecho que nosotros queremos destacar: su condición histórica. Es decir, son sistemas de captación y distribución del agua realizados en una época histórica determinada, los cuales han continuado hasta la actualidad sin apenas cambios en su trazado o función, hecho este que debemos calificar como excepcional.

Si se trata, por tanto, de una construcción humana, aunque sea utilizando recursos naturales como el agua, realizada en una época histórica pasada, en muchos casos de extraordinaria antigüedad, y que aporta valores ambientales, sociales o culturales muy relevantes para las personas en el presente. Tenemos necesariamente que concluir que los sistemas históricos de riego deben ser considerados como patrimonio cultural, ya que este, el patrimonio cultural, es el instrumento del que nos hemos dotado las sociedades contemporáneas para reconocer, proteger y trasladar a las generaciones venideras todos aquellos vestigios, hechos o conocimientos del pasado que necesitamos preservar por ser representativos de la civilización humana. 

Efectivamente, las acequias y los sistemas históricos de riego son y deben ser considerados patrimonio cultural. Aunque para ello lo primero que habrá que hacer es acabar con todos los prejuicios (y desconocimiento) que existen en relación a la consideración de unos bienes como estos como patrimonio cultural, ya que disponen de dos características que parecieran ajenas al mismo: su carácter ambiental o natural, en cuanto que utiliza recursos naturales como los suelos o el agua, y su función productiva, especialmente la agraria.

Pues bien, como ahora veremos, nada más lejos de la realidad. El patrimonio cultural está perfectamente preparado para reconocer y actuar sobre bienes naturales y de carácter productivo como los sistemas históricos de riego, ya que hace mucho tiempo que dejó de ser un instrumento elitista para conservar solo las más excelsas obras de arte para convertirse en una poderosa herramienta de toda la sociedad, de todas las sociedades, para preservar la memoria de la civilización humana, incluida su armoniosa relación con la naturaleza.

José Castillo Ruiz. Universidad de Granada (CC BY-NC-ND)

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