La conexión e interdependencia entre el ecosistema y los seres humanos que postula el concepto de socioecosistema ha sido innovadora en las ciencias naturales y sociales del mundo occidental, pero para los pueblos indígenas resulta una obviedad. Para los pueblos indígenas de los cinco continentes resulta muy sorprendente (incluso una aberración) la visión occidental del ser humano como algo fuera de la naturaleza y el ecosistema o, peor aún, como algo contrapuesto. Para el pensamiento occidental, por un lado, está el ser humano y lo artificial, y por otro lado está la naturaleza como lo no influido por el ser humano. Los pueblos indígenas identifican esta ruptura o pérdida de vínculos entre la naturaleza (el ecosistema en el que vivimos) y nuestra realización individual y como comunidad (la parte social) como fuente de gran parte de los conflictos ambientales (como el extractivismo) y sociales (explotación, guerras, etc.). En las propias palabras de Luis Guillermo Izquierdo, Indígena del Pueblo Arhuaco, Colombia: “El territorio y sus elementos constitutivos son parte de nuestros conocimientos, el contexto natural y territorial es un reflejo mutuo de la vida humana y natural de la tierra; por una parte, la tierra es el reflejo de nuestros cuerpos y, por otra, somos el reflejo de la tierra; este condicionante nos une y nos lleva a apreciarla como a sí mismo.”, y también: “El cumplimiento de los mandatos ancestrales son un conjunto de reglas que rigen y armonizan con las prácticas cotidianas culturales, bajo esta perspectiva se crea una disciplina en las dimensiones sociales, espirituales y territoriales, que implica conocer el lugar donde nace y se origina el pensamiento y misión de cada ser. Estar desvinculado del territorio es un riesgo porque se desvía el sentir y actuar del humano, por ello surgen las agresiones y el uso desmedido del territorio y la naturaleza.”