Saltar la navegación

1. Introducción

Esta unidad nos adentra en desafíos a los que nos enfrentamos  en el contexto actual y, concretamente, en el manejo histórico del agua y de los regadíos tradicionales.

Cuando hablamos de la crisis ambiental, debemos tener en cuenta que se trata también de un fenómeno global, que afecta al medio ambiente y a todas las formas de vida de los ecosistemas. De hecho, también ha sido definida como una convergencia de crisis ambientales, por parte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Estas crisis ya no pueden ser abordadas de manera separada y su origen está, sin duda, en la actividad humana, cuyo impacto está poniendo en peligro la propia supervivencia de muchas especies y de los ecosistemas en su conjunto. La crisis también afecta a nuestra sociedad, economía y al equilibrio entre territorios.

El cambio climático ha sido una constante a lo largo de la vida del planeta. El proceso actual se está desarrollando de una forma rápida y brusca, que, al contrario que en momentos anteriores, no deja mucho margen a la naturaleza para adaptarse. La evidencia científica no deja lugar a dudas desde hace décadas, de que la actividad humana es la responsable de este brusco y acelerado cambio, así como de las consecuencias ocasionadas en los ecosistemas.

Estas consecuencias ecológicas de la crisis ambiental global también se manifiestan en una extinción de especies, tanto de fauna como de flora, en la consecuente degradación de la biodiversidad de los ecosistemas, en la proliferación de especies invasoras y la alteración de los ciclos biológicos naturales. La convergencia e interconexión de todos estos fenómenos amplifica, además, los riesgos y consecuencias, no solo para los ecosistemas, sino para el ser humano.

Varias investigaciones avalan que hemos traspasado seis de los nueve límites planetarios, fijados como umbrales críticos que mantienen el sistema terrestre en equilibrio:

  1. Cambio climático
  2. Acidificación de los océanos
  3. Pérdida de la biodiversidad
  4. Cambios en los ciclos de nitrógeno y fósforo
  5. Uso de agua dulce
  6. Degradación del suelo
  7. Carga de aerosoles en la atmósfera
  8. Contaminación química y aparición de "entidades novedosas" y químicos superresistentes
  9. Degradación del ozono estratosférico, contaminación química y aparición de "entidades novedosas" y químicos superresistentes.
Infografía creada con IA para fines educativos. (CC BY-NC-ND)

En la actualidad, más de un millón de especies de animales y plantas están en riesgo de extinción. La contaminación, el proceso de urbanización y las grandes infraestructuras, la intensificación e industrialización agraria o el calentamiento global están provocando la transformación de los ecosistemas y de los socioecosistemas tradicionales, erosionando la base natural de la que dependen los sistemas alimentarios, el acceso al agua o la estabilidad climática.

Esta crisis tiene consecuencias sociales y económicas directas a todos los niveles, vinculadas a la pérdida de cosechas y de fertilidad de los suelos, la mayor tensión por el uso del agua dulce y en buenas condiciones de salubridad, catástrofes naturales, las migraciones forzadas, el aumento de enfermedades ligadas a la contaminación o a malos hábitos o al desplazamiento de las zonas de afección de enfermedades infecciosas.

Infografía creada con IA para fines educativos. (CC BY-NC-ND)

La evaluación realizada por el PNUMA y presentada ante la ONU concluye que las políticas actuales, fragmentadas y sectoriales, no son suficientes ni útiles frente a las dimensiones y profundidad de la crisis a la que nos enfrentamos. Muchos factores actúan de manera conjunta y acumulativa, de manera que todo está conectado. Entender esta complejidad e interacciones es fundamental para afrontar los retos y evitar además agravar otros problemas ambientales.

Son muchas las alternativas y propuestas que se han ido realizando, muchas las estrategias y medidas, desde las soluciones basadas en la naturaleza a las energías limpias, pasando por sistemas de producción más sostenibles, aunque ninguna da una solución global. Sin embargo, deberían tener siempre un enfoque complejo e integrado, para evitar los problemas y riesgos generados por soluciones parciales, fragmentadas y sectoriales. Esto incluye la forma en la que medimos el progreso, con indicadores como el del desarrollo humano o el Producto Interior Bruto. Todos ellos, indicadores y propuestas o estrategias, deberían incorporar la salud de los ecosistemas y socioecosistemas, el uso responsable de los recursos naturales y la calidad de vida de las personas.



José María Martín Civantos. Universidad de Granada. (CC BY-NC-ND)