Saltar la navegación

2.1.3. Sistemas históricos de regadío como socioecosistemas

Frente a ese concepto, hemos propuesto un cambio de paradigma hacia una concepción más integrada y compleja, que tenga en cuenta los efectos y valores generados por los sistemas agrarios principalmente y, en este caso, por los sistemas agrarios tradicionales basados en los manejos de agua y el regadío. Son, como decíamos antes, socioecosistemas, espacios de interacción entre el ser humano y la naturaleza, en los que ha habido un proceso coevolutivo, de adaptación mutua, generando un mosaico paisajístico y de biodiversidad que depende directamente de esa relación. Son sistemas que generan una gran cantidad de servicios, denominados servicios ecosistémicos, relacionados con las funciones ambientales, la sostenibilidad, la generación de recursos y el bienestar humano. No entraremos ahora en su definición ni descripción, de la que se hablará en otras unidades de aprendizaje, pero son fundamentales para entender el debate y hacer la reflexión.

Los sistemas históricos de regadío, como los agrosistemas tradicionales en general, no solo producen alimentos y materias primas, sino también una enorme cantidad de servicios ecosistémicos que tienen un gran valor, también en términos económicos, pero que no son tenidos en cuenta a la hora de evaluar y de valorar su aportación a la sociedad, a la conservación de la naturaleza y la sostenibilidad o a la economía. Mantener nuestros suelos vivos y su fertilidad; sostener la biodiversidad que vemos, de flora y fauna, y la que no vemos a través de innumerables microorganismos; evitar desastres naturales como incendios e inundaciones; recargar nuestros acuíferos o regular ciclos hidrológicos; atemperar localmente las temperaturas y propiciar la formación de tormentas; fijar carbono; hacer de filtros verdes; ser corredores ecológicos; albergar una gran agrodiversidad y patrimonio genético; generar paisajes culturales llenos de valores; ser en sí mismos patrimonio y cultura y lugares de esparcimiento y ocio; fomentar la cohesión social a través de las comunidades de regantes y sus sistemas de gobernanza comunal y participativa…. Son algunos de los principales, pero no únicos, servicios ecosistémicos que los regadíos históricos nos brindan.

La mayor parte de esos servicios no suponen un consumo de agua. Desde luego, no suponen un consumo de agua por parte del agricultor, del regante. Aquí es donde tendríamos que hacer la primera distinción entre usos consuntivos y no consuntivos del agua. No es lo mismo usar el agua que consumirla. En el primer caso, el agua se utiliza, pero se deja correr para que siga cumpliendo otras funciones o pueda ser empleada de nuevo y reutilizada. En el segundo caso, el agua es gastada para un fin concreto, en este caso para producir.

Teniendo en cuenta estos aspectos y los beneficios generados por los servicios ecosistémicos en el uso y gestión del agua por los sistemas tradicionales, el consumo y eficiencia en el uso del agua se podría representar con el siguiente ejemplo: En ningún caso se pierde ni se desperdicia agua, sino que cumple otras funciones no productivas que, en el contexto actual de crisis ambiental, son igualmente fundamentales y contribuyen a la sostenibilidad. Además, hay que tener en cuenta, como decimos, que también albergan valores culturales y sociales fundamentales en el ámbito rural.

Como decimos, no entraremos a detallar ahora todos estos servicios ecosistémicos y valores, que serán objeto de una explicación más extensa en otras unidades de aprendizaje, pero sí queremos poner el debate en su contexto y plantear desde el principio la necesidad de mirar a estos sistemas históricos de manejo de agua y regadío desde una perspectiva amplia, compleja e integrada, y teniendo en cuenta el contexto actual de cambio global y de crisis ambiental.