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3. Las Suites: arquitectura de las «diferencias»

Las Suites no se apartan de este universo inconfundible del poeta. Lorca se refirió en varias ocasiones a su publicación como libro, proyecto que finalmente no realizó, aunque adelantó algunas en revistas como la juanramoniana Índice, en 1921. Ya en octubre de 1923, expresa a Fernández Almagro su deseo de publicar el conjunto. En febrero de 1926, informa a su hermano Francisco de que «las suites arregladas quedan deliciosas y de un lirismo profundísimo». Por entonces piensa publicarlas a la vez que Canciones y Poema del cante jondo, tres libros que, advierte, se completan entre sí y tienen unidad. Las cita con un nuevo título, Libro de las diferencias, en la Antología (1934) de Gerardo Diego; y Manuel Altolaguirre recoge una muestra de trece composiciones en el volumen misceláneo Primeras canciones, que publica en sus ediciones Héroe, en 1936. Todavía en julio de este año, poco antes de morir, en su última entrevista, Lorca define las Suites como un libro en que ha trabajado mucho y con gran amor sobre «temas antiguos». Son temas propiamente lorquianos como el tiempo, la muerte, la frustración amorosa, el deseo incumplido o vetado, la pérdida del paraíso y de la infancia; o mejor, temas tratados al modo propiamente lorquiano.

Figura 4: Retrato de Federico García Lorca. Fuente: Archivo de la Fundación FGL.

Hay que tener en cuenta, a este propósito, que los poemas se organizan en series. Nos encontramos con una estructura compuesta por temas con variaciones o glosas, las «diferencias» de los vihuelistas españoles del Renacimiento a los que apunta el mismo Lorca, y de aquí el mencionado título alternativo de Libro de las diferencias. Como explica Belamich al reconstruir y editar el libro, la suite designaba en los siglos XVII y XVIII una sucesión de danzas escritas en la misma tonalidad que la primera. Las suites de Lorca muestran las distintas facetas de una meditación que va profundizando en el mismo motivo. El amor aparece ligado a la muerte, que lo frustra: 

Me miré en tus ojos

pensando en tu boca.

Adelfa roja.

Me miré en tus ojos.

¡Pero estabas muerta!

Adelfa negra."

(Remansillo)

Se quiere volver al tiempo pleno de la infancia:

Yo vuelvo

por mis alas.

¡Dejadme volver!"

 

o del amor:

Quiero volver a la flor. 

Y de la flor

a mi corazón.

¿Te vas, amor?

¡Adiós!

(¡A mi desierto corazón!)"

como leemos en la serie titulada «El regreso».

La suite «La selva de los relojes» tiene como tema la fugacidad angustiosa del tiempo y lo inexorable de la muerte, la «hora fría» o la «hora esfinge» a la que aluden las correspondientes variaciones o diferencias. Infancia, muerte, amor y paso del tiempo se entrelazan muy logradamente en la pieza que da título a esta suite:

Los lirios negros

de las horas muertas,

los lirios negros

de las horas niñas.

¡Todo igual!

¿Y el oro del amor?

Hay una hora tan solo.

¡Una hora tan solo!

¡La hora fría!"

La creación de Suites coexiste con la de Canciones, libro con el que se producen claras interferencias textuales (cf. García-Posada), si bien Lorca no maneja aquí unidades poéticas orgánicas, sino más simples. Tras el juego o la levedad aparente, en Canciones continúa la hondura simbólica y la insistencia en los grandes temas de siempre, abordados desde las claves expresivas de la poesía pura (poemas breves, sin anécdota ni efusión sentimental, lirismo objetivado), por lo que la atmósfera de este libro coincide plenamente con la estética imperante en 1927, la fecha en la que es publicado (y en la que lo situamos y nos referimos a él con más detenimiento).