Tanto las Suites como las Canciones, tanto el Poema del cante jondo como el Romancero gitano poseen, en efecto, una coherencia estilística común: sujeción predominante a metros tradicionales, objetivación de la experiencia poética, de forma que se evita la confesión directa del sentimiento individual y se disfraza el intimismo, en una orientación tributaria, en parte, de la poesía pura (cf. García-Posada). No se trata tanto de la poesía pura al modo de Valéry, el referente de Jorge Guillén, tan admirado por Lorca, sino de la atmósfera pura que han ido conformando movimientos de vanguardia como el ultraísmo, el creacionismo y sobre todo el cubismo, con la importancia que dan a la imagen a la hora de alcanzar la autonomía del poema. Esa atmósfera pura, basada en la objetivación distanciada, en un arte autónomo con respecto a la naturaleza y la realidad, en el poder de las metáforas para trasladar a una superior realidad estética, en el carácter lúdico e intrascendente de los nuevos objetos estéticos, o bien en el placer intelectual y la falta de confesionalismo y patetismo románticos, es la designada en 1925 por Ortega y Gasset con el controvertido concepto de deshumanización.