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3. Teatro posible y teatro imposible

Suelen señalarse, a partir de este momento, dos caminos bien diferenciados en el teatro lorquiano, la vía del teatro posible y la del imposible, una bifurcación basada en declaraciones del propio Lorca. No obstante, esta diferenciación hay que tomarla con precaución, ya que la problemática que encierra es mucho más compleja de lo que dejaría entrever esa supuesta separación entre teatro que no puede ser representado y el escrito para llevarlo a la escena.

Lejos de tratarse de una división simple entre teatro comercial (posible) y un teatro que el autor consideraba auténtico e imposible de representar (teatro imposible), esas declaraciones de Lorca tienen que entenderse en el contexto de una estrategia de renovación del panorama teatral en la que el autor se empeña desde el comienzo de su carrera y en la que se reafirma cuando lo permite la nueva situación política y desde que alcanza el éxito (Soria Olmedo, 2000: 57).

Aunque ese proceso de renovación de la escena española del momento había empezado, por tanto, con anterioridad, conviene insistir en la importancia del paso de García Lorca por Nueva York en su nueva orientación teatral. Si Lorca ya había asistido con entusiasmo en Madrid a las sesiones del Cine-Club dirigido por Ernesto Giménez Caballero, en Nueva York quedará fascinado por el nuevo cine hablado, aún muy poco conocido en España. En cuanto al teatro contemporáneo, también tuvo ocasión de verlo en Nueva York y, tanto en entrevistas como en cartas familiares, habla de la admiración que le provoca. Seguramente, el teatro neoyorquino nuevo del que habla García Lorca en esos meses no era Broadway, sino los grupos teatrales experimentales que entonces abundaban en Nueva York. Como decíamos, repetidamente reconoce Lorca en su correspondencia del momento la impresión que le ha causado la vida teatral de la ciudad y su fascinación por el nuevo teatro que allí puede verse, insistiendo en la novedad de la escena neoyorquina y en el partido que piensa sacar para sus propias obras de la experiencia vivida allí. Sus declaraciones en este punto se multiplican y expresan su convicción, que llevará a cabo en El público y en Así que pasen cinco años, de que hay que cambiar el teatro de raíz e iniciar lo que el propio García Lorca llama «teatro del porvenir». La tarea en la que García Lorca se va a afanar a partir de ese momento con su producción teatral es precisamente el desarrollo y la puesta en práctica de ese teatro del porvenir.